Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

OSCAR TUCCI

Posted by Alejandro Marticorena en Domingo, 26 abril, 2009

Una de las razones por las que anduve tan inactivo últimamente tuvo que ver con algo triste. Algo que a los pacientes en diálisis nos suele pasar, pero de lo que –me parece– mucho no hablamos.

Pero en este blog es algo de lo que pese a todo me propuse hablar. Y no es la primera vez que lo hago. El hecho, yendo al punto, es que el 3 de abril pasado falleció uno de mis compañeros de diálisis, Oscar Tucci.

Oscarcito, si llegaba, andaba por los 70 años de edad más o menos. Es uno de los pacientes a los que ví llegar, hará dos años o incluso menos. Presencié, como me pasó con varias personas ya, su primera diálisis. Era un tipo esencialmente alegre, aunque (se le notaba) con un carácter fuerte. Era cordial y directo. Vivía solo, creo que nunca había estado casado, y si lo estuvo siempre había sido alguien que no servía para esas cosas: según los chistes que circulaban en la sala de diálisis perece que había sido bastante mujeriego. O aún lo era, quién sabe.

El pobre Oscar tuvo los mil y un problemas con su fístula. Se le tapaba, se le infiltraba, no funcionaba. Varias veces debieron ponerle un catéter en el cuello, al que él llamaba “el cachivache éste” o “la antena”, ya que en una oportunidad le salía por debajo del cuello de la camisa y le quedaba a la altura de la mejilla.

Hace unos meses Oscar empezó a quejarse de un dolor extraño que sentía a la altura de las costillas. Un dolor que, según me dijo una vez, no lo dejaba dormir y que lo tenía “podrido“, sobre todo porque “los médicos no encuentran qué mierda es“. Recuerdo que hubo sesiones de diálisis en las que prácticamente se la pasaba durmiendo, creo que a consecuencia de los calmantes que le daban.

Finalmente, empezó a no venir a diálisis: lo habían internado. Siempre que uno ve que alguno de los compañeros no viene, tiene miedo de preguntar. Ya me pasó dos o tres veces de preguntar “inocentemente” por alguien, y encontrarme con la sintética respuesta de “falleció“. Claro, ahí uno se da cuenta de que las personas en cuestión tenían complicaciones múltiples de salud, que ya eran muy mayores y, en fin, de que en algunos casos la salud de ciertos pacientes está “agarrada con alfileres”. Sólo que muchas veces uno o no lo sabe o simplemente lo niega, no quiere verlo.

Bueno, resultó que Oscar tenía un tumor maligno. Dicho en dos palabras (tres, bah), cáncer de pulmón.

Recuerdo que cuando me enteré no pude concentrarme mucho en nada durante un buen rato. En diálisis suelo trabajar con mi laptop, buscar información en Internet, redactar mails, posts en mi blog laboral, etcétera. Recuerdo que esa sesión poco pude hacer, que no fuera quedarme mirando la tele fijamente. No tenía ganas de nada.

Es que no sé por qué el caso de Oscarcito me pegó, y me pegó mal. Quizás porque él se dializaba en la misma fila que yo, con la misma técnica, Liliana. Quizás porque me caía muy simpático, y hablábamos bastante. No lo sé.

Creo que ninguno de nosotros, compañeros de diálisis de él, supuso que terminaría así. Oscar era de esos tipos a los que uno, quizás inconscientemente, veía trasplantado de acá a dos o tres años más. Era un tipo vital y, lo más importante, joven todavía.

Y recuerdo aún la última vez que lo ví. Había estado internado como dos semanas o algo así, y un día llegué y ya estaba conectado. Me acerqué, como siempre, y le estreché la mano (la del brazo libre, la izquierda). Me sonrió, como siempre, con su sonrisa franca, contagiosa. A esas alturas yo ya sabía lo que tenía. No sé si él lo sabía, quizás lo sospechaba. Recuerdo que me sentí algo incómodo, sin saber qué decirle. “¡Se te ve bárbaro, Oscarcito!” le dije. Y no mentí, realmente lo ví bien. “¡Sí, pibe, ya estoy mejor por suerte!” me contestó.

Cómo es la mente humana. Recuerdo que inmediatamente pensé “bueno, a lo mejor no era eso lo que tenía”. Y me olvidé del tema. La sesión transcurrió como siempre. Oscarcito miraba la tele todo el tiempo mientras estaba en diálisis. Veía el canal 23 de Cablevisión, la señal “Space“, donde suelen pasar series y películas. Generalmente yo me enganchaba con él viendo “Profiler“, “Policías de Nueva York“, “La dimensión desconocida” y, más recientemente, “Los expedientes X” a la hora en que nos traen el almuerzo. Debo haber mirado algo de todo eso, seguramente.

La sesión terminó y él se fue antes que yo. No recuerdo si lo saludé, creo que estaba enfrascado en mi laptop. El hecho es que ya no volvimos a verlo, estuvo internado más o menos tres semanas más y el lunes 6 de abril, cuando llegué, Bernardo Larralde, un compañero que se dializa en la fila de enfrente a la mía y viajaba en los traslados con Oscar, me llamó. “Vení que quiero decirte algo” me dijo. Me acerqué hasta su camilla, él ya estaba conectado. “Falleció Tucci el viernes pasado“.

Si bien me lo esperaba, me golpeó.

Sentí durante varios días una mezcla de dolor y bronca. Dolor porque ya no volvería a verlo y realmente lo estimaba. Bronca porque la situación no deja de tener algo esencialmente injusto. No es justo que una persona muera antes de tiempo, aún cuando desde el punto de vista religioso quizás ya era su tiempo. Y porque éstos son los aspectos no deseados de la diálisis: el ver morir compañeros. Algo para lo que nadie, ni nefrólogos, ni psicólogos, ni técnicos, nos prepara; algo sobre lo que nadie habla… pero algo que sucede. Y afecta.

La muerte forma parte de la vida, es su costado indivisible, tal como las dos caras de la misma moneda o la contraparte oscura o clara del símbolo del Ying y el Yang, como el que desde hace unos meses llevo colgado al cuello.

Sólo que es un costado en el que no pensamos, hasta que nos golpea. Sin embargo, y “gracias” a vivir estas cosas en diálisis, siento que tengo una relación más… cómo decirlo… “natural” con la idea de la muerte. Es como que la tengo más presente, en mi caso (por las personas que he visto “partir” desde que empecé el tratamiento) porque forma parte de cierta “cotidianeidad”, digamos.

Sin embargo la muerte –aún la muerte de los otros– es algo a lo que uno no se acostumbra. Quizás a los soldados, en una guerra, les pase algo lejanamente similar: esto de que hoy somos los que somos y mañana somos éstos menos uno.

La “lección” que rescato de este triste post, lo positivo que encuentro (siempre hay algo positivo, siempre podemos encontrar lo bueno de lo malo) es que todo esto me hace revalorar más, mucho más, la vida, lo que tengo, lo que puedo, lo que quiero.

Solemos quejarnos (yo lo hago todos los días, religiosamente) por cosas que a la luz de estos hechos son simples boludeces. Quizás la vida, o Dios, para quienes creen en él, nos quiera mostrar con estas cosas aquello que en la rutinaria y adormecida realidad de todos los días dejamos de ver por tenerlo demasiado pegado delante de los ojos.

La partida de Oscarcito me hizo ver las cosas desde más lejos, me ayudó a ver el bosque y dejar de quejarme por ese árbol que no me dejaba pasar. Quizás simplemente deba correrme un poco para sortearlo.

Vaya mi recuerdo y mi homenaje para Oscar, esté donde esté.

Chau, Oscarcito, ojalá estés bien. Te vamos a extrañar.

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5 comentarios to “OSCAR TUCCI”

  1. betoreyna said

    Lamentablemente esto me ha pasado y muchas veces. La primer muerte que me pegó fue de una anciana muy vital, doña Fortuna, que se le tapó la fístula y no puedo soportar la operación de la prótesis.
    Pero la que me sacudió mal fue la de un amigo, Gabriel Córdoba. Gabriel era de profesión contador. Incansable luchador. Fundó una ONG “Donemos Vida”. Daba charlas a pacientes y alumnos de escuelas. Consiguió muchos beneficios para los enfermos renales. Siempre se interiorizaba en los problemas de los pacientes.
    Comenzó a dializarse conmigo allá por el año 1987. Yo empecé unos meses más tarde, a principios de 1988. Teniamos casi la misma edad. El tuvo mucha mala suerte. El primer trasplante de riñón que tuvo el riñón anduvo dando “vueltas” por un error en la base de incucai. Por supuesto que esto ahora no sucede pero en aquellas épocas todo era muy reciente. Pero igual le hicieron el trasplante con el riñón con 72 horas de isquemia. Tuvo muchísimos problemas y tres años después volvió a diálisis. Cuando yo estaba por empezar a dializarme en 2002, el comenzaba con la diálisis peritoneal. Luego, tres meses después de estar en diálisis peritoneal fue trasplantado exitosamente. Pero comenzaron los problemas. Estuvo con una infección que pudo sobresalir. Luego estuvo un tiempo bien. La última vez que lo vi estaba con su esposa y su pequeño hijo, de la edad de la más pequeña mía. Por esas cosas del destino me encontré con una pareja amiga y una amiga de el un tiempo después. Me contaron que le habian cortado las falanges de los dedos por una complicación. Estuvo en terapia intensiva, fue a Buenos Aires y vino de vuelta.
    Lo último que me enteré es que se perdía. Sus arterias estaban muy calcificadas. Y cuando me decidí a visitarlo (tuve que sacar fuerzas para poder verlo, porque realmente soy un cobarde para eso) el falleció. Falleció a los 42 años. Fue un 6 de junio del año 2006. Dejó a un pequeño hijo y a su esposa, y muchos recuerdos de quienes los quisimos y admirábamos como ser humano y compañero excepcional. Muchos fueron los que me marcaron, Don Zoilo, aquel profesor de una inteligencia extrema, que siempre nos contaba alguna historia ingeniosa de nuestra argentina. Pero Gabriel fue quién más me afectó. Después de eso estuve mucho tiempo mal y deprimido. Siempre lo recuerdo y trato de recordarlo con su alegre sonrisa.
    Era de esos pacientes especiales que antes de sentarse en el sillón de diálisis observaba bien la máquina. Preguntaba cuánto tiempo estaba instalado el filtro trasero, porque si era de mucho tiempo lo hacía cambiar, si el filtro era el correcto y si todo estaba bien instalado.
    Era ese amigo que te tendia una mano y te averiguaba todo para tu beneficio, sin esperar nada a cambio. El que que se la jugaba y ponia de su propio bolsillo para la ONG. En fin, fueron muchos años que compartimos.
    Así que puedo entenderte perfectamente estimado Alejandro, como te sentís.
    Un abrazo…

    Queda siempre un sabor amargo. En especial con las personas que compartimos años y años. Eso les sucede a los técnicos y doctores que se relacionan con los pacientes. Evitan involucrarse emocionalmente, pero es mucho más fuerte. Y les pega a ellos tanto como a nosotros.
    Como dijo una vez el doctor Colli acerca de un reloj que le había regalado una paciente. Que no se lo toquen al reloj, porque a esa paciente la habia llorado más que a su madre.

  2. montse said

    Siento mucho Alejandro lo de tu compañero Oscar de diálsis.

    Mtse

  3. celeste said

    Hola Alejandro! Hoy he tenido que ir a trabajar al centro de hemodialisis al que pertnezco. Soy medica y tengo a cargo un grupo de pacientes que vienen de La Paz,un departamento al este de la pcia de Mendoza. Es un grupoexcelente. Comenc con ellos hace 5 años.. y tb he visto partir a alguno de ellos. Realmente al principio solo lo veia como una guardia mas..pero poco a poco me fui involucrando con ellos.. Creo que todo empezo con un sueño..si,un sueño que tuve una noche donde yo era una paciente mas…me sentaba en el sillon y me conectaban..creo que ahi SENTI REALMENTE lo que sebtian cada uno de ellos cada dia de su vida…De ahi en adelante nada fue igual…sus sufrimientos son los mios,sus alegrias las mias… Por eso te netiendo cuando contas lo de la muerte de un compañero…Ahora voy las tres sesiones semanales.

    • Hola, Celeste. Es muy impactante lo que me contás, que hayas soñado que eras un paciente más… y es admirable el nivel de compromiso que me contás que tenés con tus pacientes, ojalá más médicos tuvieran ese nivel de compromiso. Te mando un beso y gracias por escribirme.

      Alejandro.

  4. karina benavides said

    Hola!!!!!!! es la primera vez que entro en la pagina y queria contarles que hace 7 meses que entre en dialisis,que me cambio la vida,que todavia no puedo acostumbrarme, todo resulta muy dificil, en la sala somos 8 pacientes de los cuales ya fallecieron 3 compañeros,es muy triste todo lo que vivimos, en mi caso porque cuando los empiezo a conocer se van para no volver.
    Aprovecho la oportunidad para preguntar ¿como se sienten despues de cada dialisis? no se si es poque hace poco tiempo pero yo vuelvo a mi casa muy mal me cuesta recuperarme y eso hace que cada dia me cueste mas continuar, como digo yo,ya estoy podrida! siento que si no voy estoy bien pero no me queda otra es la unica alternativa de vida que tengo.
    Bueno espero alguna respuesta de alguien que lleva mas tiempo y que seguramente ya logro superarlo.

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