Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

SEGUÍ PARTICIPANDO

Posted by Alejandro Marticorena en Lunes, 23 febrero, 2009

Este año al parecer se viene “con tutti”. Ayer a la mañana me desperté a eso de las 11:30, fui al baño y, por esas cosas inexplicables que tiene la vida, inmediatamente se me ocurrió encender el celular. La pantalla mostraba un cartelito que decía “Nuevo mensaje de voz“. Me extrañó que alguien me llamara un domingo a la mañana. Lo primero que pensé es que sería una llamada equivocada.

No era equivocada. Era el doctor Walter Bonfanti, del Hospital Italiano de Buenos Aires, quien llamaba para informarme que estaba en operativo de trasplante.

La expresión “fue como un baldazo de agua helada” es lo que más se aproxima a la descripción de lo que sentí. Eso, y la más criolla “se me subieron los huevos a la garganta” creo que completa el panorama.

No es fácil recibir una noticia así a cinco minutos de despertarse. Recuerdo que la desperté a mi mujer y le hice escuchar el mensaje, a ver si escuchaba lo mismo que yo. La incredulidad a veces nos hace desconfiar de nuestros propios sentidos.

Y es que el día 13 (dos días después del llamado que comenté en el post anterior) recibí la carta del INCUCAI informándome que entraba en lista de espera para trasplante renal. Y ayer, 22 del mismo mes (o sea, apenas nueve días más tarde) viví el primer operativo de trasplante.

Cuando el doctor Bonfanti me llamó, yo dormía plácidamente, y estaba en el 16° lugar de los candidatos a ese trasplante. Dos horas más tarde, cuando finalmente pude ubicarlo telefónicamente, ya había ascendido al noveno puesto. Siete personas se habían “bajado”, en su mayoría porque alguno de los análisis previos había dado mal.

En mi primera conversación con él, me dijo que tenía que ir al “PRICAI de la Fundación Favaloro“, donde me harían un análisis de sangre denominado “cross-match“, destinado a detectar anticipadamente eventuales riesgos de rechazo agudo del órgano por trasplantar. Si bien en todo momento me aclaró que estando en noveno lugar las chances de trasplantarme eran bajas, era preferible ir ganando tiempo y tener hecho ese análisis para el caso de que debieran operarme a mí.

Desayunamos rápidamente con mi familia y nos fuimos hacia la Fundación Favaloro, distante unos 20 minutos en auto un día domingo, que afortunadamente no hay mucho tránsito. El PRICAI (sigla de “Primer Centro Argentino de Inmunogenética”) es un edificio anexo al de la sede central de la Fundación, ubicada en la avenida Belgrano al 1700.

Lo cotidiano a veces es la tabla de salvación de la que nos aferramos en situaciones extremas. Descubrí que la cubierta delantera izquierda de mi auto estaba mal inflada, así que, en camino a la Fundación Favaloro, me detuve unos minutos en una estación de servicio para agregarle aire a esa rueda, ante el indignado estupor de mi mujer.

La realidad se encargó de “bajarme a tierra” enseguida. Apenas estacionado para completar la sencilla operación, recibí un nuevo llamado del doctor Bonfanti quien me informó esta vez que ya había ascendido “al sexto lugar” de la lista, y que después de la Fundación Favaloro debería ir al Hospital Italiano para los análisis prequirúrgicos de rutina y la diálisis pre-trasplante.

Una vez más insistió en que las probabilidades, si bien habían subido de forma proporcional a mi puesto en el “top-ten” de candidatos, no eran cien por ciento seguras ni daban garantías de que yo me trasplantaría. Pero, en caso de que sucediera, era “preferible ganar tiempo“.

En un subsuelo donde me crucé con al menos un par de candidatos al mismo trasplante me hicieron una extracción de sangre y me informaron que el análisis tendrá validez por tres meses. Esto significa que si vuelven a llamarme por un operativo de trasplante antes de que ese plazo venza, no deberé repetir el “cross-match”.

Volví a mi casa, fundamentalmente para dejar el auto: mi mujer no maneja (razón de más para que aprenda, ante este tipo de situaciones) y a esas alturas no sabía si efectivamente iba a recibir un trasplante o si se trataba de una falsa corrida. En taxi me fui , solo, al Hospital Italiano, sin saber cuál iba a ser el rumbo de mi vida en las horas subsiguientes.

Momentos culminantes

Una vez en la guardia me topé con el inconveniente de que la empleada de la recepción no sabía cómo ingresarme en el sistema porque no tengo carnet de mi obra social, ASE (Acción Social de Empresarios) sino de mi prepaga, Galeno.

Y es que, por cuestiones que comenté en otros posts, para los temas relacionadas con el trasplante no es Galeno quien me cubre todos los costos derivados, sino ASE. Pero ésta, para casos de personas (por así decir) “normales”, no expide credenciales ya que suelen ser las prepagas quienes se hacen cargo de las prestaciones de los servicios de salud no incluidos en el denominado “PMO”, o “Plan Médico Obligatorio”. Y los trasplantes sí están incluidos en el PMO.

Finalmente, la única forma de que me admitiera fue mostrarle la copia del fax por la que, hacia agosto del año pasado, el Hospital Italiano autorizaba el inicio de todos los estudios que componen el denominado “módulo pre-trasplante”, cuyo fin es establecer si uno está clínica y psicológicamente apto como receptor de un trasplante renal. No fue la primera vez en ese hospital que esa copia ya casi ilegible me sirvió como “palabra mágica” para sortear alguna que otra traba burocrática.

En los consultorios de Guardia me recibió el doctor Bonfanti, quien calculo que, si no tiene más o menos mi edad, andará en algunos pocos años menos. Me dijo que me harían unos exámenes prequirúrgicos y luego debería subir al primer piso, donde está la sala de diálisis. Me preguntó algunas cosas de rutina (si tengo algún proceso infeccioso en curso, diarrea, alguna clase de alergia, etcétera) y me derivó para los análisis.

Éstos fueron una extracción de sangre (la segunda en dos horas) con la que me harían más de 10 exámenes; un electrocardiograma y dos radiografías de tórax. Luego, salí de la Guardia y atravesé los gigantescos y, por esas horas, vacíos pasillos del “Ospedale Italiano”, como reza el cartel de la entrada que da a la calle Perón.

Una diálisis atípica

Toda vez que uno entra “en operativo” tiene que dializarse antes del trasplante. Esto se hace para que uno quede en óptimas condiciones, obviamente, antes de la intervención. Y un detalle: a uno lo dejan con un kilo más del “peso seco” correspondiente (el peso del cuerpo sin exceso alguno de líquido) con el fin de favorecer el funcionamiento del riñón “nuevo”, una vez trasplantado.

Llegué al sector de diálisis para adultos y me recibió un técnico bastante joven (tenía 25 años), quien me hizo pasar. La sala de diálisis del Italiano es bastante diferente de la del Hospital Alemán, al menos por dos cosas: la disposición que tiene, y el aspecto general.

En cuanto al aspecto debo decir que no se parece en nada a ese estilo “sala de terapia intensiva” que tiene la sala principal del Alemán, donde me dializo. Ésta, en cambio, parecía descuidada. En algunas zonas de las paredes se veían manchas, y el piso daba muestras de no haber sido limpiado al menos durante un par de días.

Era domingo: pensé que quizás nunca limpian luego del último turno, los sábados, en que los últimos técnicos deben irse pasadas las 22:00. De cualquier modo, no me gustó ver eso. Recuerdo la mancha de sangre seca al pie de la camilla que finalmente me tocó y los pensamientos que se me cruzaron en torno a la asepsia y la cantidad de bacterias y gérmenes que viven aún en la sangre seca.

Y en cuanto a la disposición, la sala tiene cierta relación con el resto del hospital: llena de recovecos y de planta bastante irregular. Da la sensación (como el resto del edificio) de haber sido construida de a partes, por etapas, y que cada área nueva fue anexándose paulatinamente a las precedentes. No pude contar la cantidad total de camillas que había, pero calculo que, en total, serían unas 25, aproximadamente. A las que habría que sumar, claro, las dos o tres de otra sala, más pequeña, a la que casi me meto por error cuando entré, donde seguramente destinan a los pacientes con serología positiva.

La sala parecía una mezcla extraña de ómnibus vacío y cuartel en desuso. Era extraño el silencio que había: una sala de diálisis, cuando está llena, es ruidosa durante las conexiones y desconexiones de pacientes. Y sin embargo, aún en medio de una sesión, hay un rumor sordo, rítmico y permanente, proveniente de los motores que hacen funcionar a las bombas gracias a las que la sangre circula por las tubuladuras de la máquina.

Esta sala, en cambio, tenía un silencio definitivo, casi sepulcral. Las camillas y las máquinas, idénticas a las del Hospital Alemán, aguardaban en absoluta quietud su próximo turno.

En un rincón medio oculto por dos máquinas alcancé a ver las piernas de alguien, a medio tapar por esas mantitas descartables hechas con el mismo material de las cofias y los camisolines que usan los técnicos y enfermeras, y que se parece bastante a la guata.

Era una señora de unos 70 años, delgada, con lentes, con pelo castaño, largo y lacio. Tenía (se me antojó) cara de profesora de historia. Se llamaba Inés. Inés Pupiti. Al rato de estar conectado, comencé a hablar con ella. Me enteré de que estaba en la misma lista de candidatos que yo. Pero con una diferencia: estaba primera en la lista de ese día.

Hacía doce años que se dializaba, y le estaba tocando estar en operativo de trasplante, me dijo, “justo el día del cumpleaños de mi nieta“. “Bueno –le dije yo– a lo mejor le das el regalito…“. “Ay, no sé, tengo tanto miedo” me respondió. Tenía miedo, era cierto, y sin embargo ya había “perdido la cuenta” de la cantidad de operativos fallidos que había vivido… Le aseguré que esa tarde se iba a trasplantar. No sé de dónde lo saqué, no sé por qué la súbita seguridad: simplemente me salió decírselo.

La definición

Unos 30 minutos después apareció el doctor Bonfanti. Le dijo “bueno, Inés, tu cross-match dio negativo, así que te trasplantás, nomás. Vamos a dejarte un rato más así terminás esta diálisis, y después vas a quirófano“. Pude ver el terror encendiéndose en la mirada de Inés. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Entonces, Bonfanti me miró e hizo un gesto con las cejas como si dijese “y bueno, otra vez será“, y agregó “por eso te decía que las probabilidades eran bajas, de cualquier manera estabas en el puesto 16 y quedaste sexto, no está nada mal“.

¡Por supuesto! — le dije– Igual te digo que si bien uno se asusta es muy alentador; evidentemente la cosa funciona, nomás. Lo que más me impactó es que sólo hayan pasado nueve días desde que entré a lista de espera y este llamado.

Recuerdo que lo que sentí en ese momento fue una extraña mezcla de alegría, alivio y una módica desazón. Alegría por Inés, que se trasplantaría después de 12 años en diálisis. Alivio porque no era aún mi turno. Y módica desazón… por exactamente lo mismo.

Luego de que el médico se fue, intenté contenerla; sin saber por qué la ví muy sola, muy vulnerable. Con una seguridad que no sé de dónde saqué (probablemente del hecho de que no me tocaba a mí) le dije “quedate tranquila que va a salir todo bien, vas a ver. Así como te dije que hoy era el día, vas a ver que todo va a estar bien“.

Un rato después, Inés se iba. Antes, se acercó hasta mi camilla, me tomó de las manos y me miró con sus ojos chiquitos y dulces. “A vos también te va a ir bien. Mucha suerte y gracias por tus palabras“, me dijo.

Quedamos solos el técnico y yo, en la inmensa sala vacía. Me ofreció dos alternativas: quedarme hasta completar las cuatro horas de la sesión (con lo que hoy, lunes, zafaría de diálisis) o llegar a la hora y media así me sacaban un litro exacto de sobrepeso, para lo que faltaba algo más de media hora.

Elegí esto último, aún sabiendo que hoy tendría diálisis otra vez (parte de este post lo redacté allí, en la sala del Hospital Alemán). Después de todo era domingo y todo volvía a la normalidad… tan rápido como se había alterado.

Me queda una sensación de mucha esperanza. Jamás, jamás, hubiera pensado que mi primer operativo de trasplante sería tan sólo nueve días después de entrar en lista de espera. Sé que pueden pasar varios operativos más hasta que me llegue el turno. Y sé que pueden pasar meses (o quizás hasta bastante más de un año) hasta que vuelvan a llamarme. Sin embargo, debo decir que es muy esperanzador que me haya sucedido algo así: la sensación adrenalínica, el miedo, la sensación de no saber qué sucederá dos horas más adelante es, por lo menos, estimulante.

Acostumbrado a la casi provinciana rutina de las diálisis, y con tanta previsibilidad por delante tres veces por semana, me resulta un panorama atractivo.

Será porque siempre me atrajeron las emociones fuertes…

(Para leer el relato del segundo operativo de trasplante, click aquí)

Anuncios

12 comentarios to “SEGUÍ PARTICIPANDO”

  1. Alejandro:
    No creo que pasen meses o el año que viene para que vuelvas a entrar en lista de espera.
    Hay otros factores que determinan la participación en la lista de espera. Hay más prioridad para los jóvenes que para los mayores de edad. Cada tres años de diálisis se te computa un punto. El puntaje tenés que corroborarlo, porque en mi caso me habian “bajado” un punto sin querer. Yo envíe un mail y solicité la corrección al INCUCAI y en menos de ¡UNA SEMANA! estaba corregido. Lo puse en mayúsculas porque significa que el proceso FUE RÁPIDO en comparación de lo que duran los procesos en otras partes de la administración pública. Sobre todo teniendo en cuenta que tuvieron que verificar los datos que yo les envié.
    Así que Alejandro, seguro que te toca mucho más rápido de lo que pensás.
    Y seguramente como te decia, vos ni lo pensabas. Te recomiendo dejar SIEMPRE el celular encendido porque las horas que perdés y en el eventual tiempo de que te toque primero, son más horas de isquemia. En mi caso me llamaron a las dos y media de la madrugada. Imaginate, estaba durmiendo a esa hora!!!
    Te cuento que mañana me sacan el molesto catéter permanente (voy a poder bañarme como Dios manda!). Este verano no pude asistir a la pileta por esa razón, pero bueno que va ser.
    Luego empiezo a definir los análisis finales para ingresar en lista de espera.
    Un abrazo panza verde!!!

    Beto Reyna

  2. Latiasbe said

    Genial !!!!, no llegó al final feliz, pero es un muy buen comienzo que seguramente te dará más ánimo para seguir en la espera, ahora que ya sabés que no es algo tan lejano e imposible.
    Fuerza y aguante !!

  3. Eduardo said

    Mono querido: sólo quiero dejar constancia en este blog así como la muerte me quitó un hermano, la vida me regaló otro y ése sos vos.

    Y como hermano te puedo decir que me da tanto orgullo tu espíritu solidario y tu entereza en sobrellevar todo esto.

    Este relato de tu primer operativo transplante es, sin lugar a dudas, una muestra de cuando la escritura se desliza con la urgencia de la necesidad de contar sin detenerse a pensar demasiado en adjetivos o en ritmos de la prosa. Y es, al mismo tiempo, uno de los relatos más vivos que leí en los últimos tiempos.

    Te mando un abrazón, hermano

  4. coperniko said

    Alejandro, muy bueno tu articulo, creo que puede ayudar a muchos a sentirse menos solos en ese momento.
    Te he leido, muy bueno tu trabajo.
    saludos

  5. maye said

    alejandro, me da muchisimo gusto leer todo esto, hace tiempo que no entraba, despues que conte que estaba a punto de ser trasplantada, y mira, ya son 10 meses gracias a Dios de tan grande bendicion…

    Veras que todo pasa rapidisimo, ten calma y paciencia… esos minutos en los estudios pretrasplantes fueron para mi como años hacia atras… pude hacer uin recuento de practicamente toda mi vida..jajaja

    es una emocion indescriptible y espero que muy pronto nos des la buena noticia de que vas pa adentro..jejeje (del quirofano)
    ojala que haya alguien que nos pueda informar tu situacion, pues una vez dentro y con todos los cuidados siguientes, creo que sera bastante dificil que puedas escribirnos pronto…

    animo!!!

    DTB.

  6. noemisita said

    hola y felicidades casi lo logras, la proxima vez sera

  7. Angel said

    Hola Alejandro
    es complicado cuando te llaman para ir a trasplante y, en las puertas, te dicen que no. A mi me pasó el verano pasado.

    Nos llamaron a las 4.30 de la madrugada, fuimos al hospital pero el riñón no era compatible con el riñón que ya tuve trasplantado. El problema vino porque no lo vieron en el informe y se dieron cuenta cuando yo lo indiqué.

    Yo no llegué ni a hacerme los análisis.

    Otra vez será…

    Ánimo que cuando llaman una, llaman más.

    Saludos,
    Angel

  8. pablo castro de jujuy said

    me llamo pablo tengo 27 años y hace 9 meses estoy en dialisis
    te juro q aunque estoy hace poco en esto senti con tu relato pas a paso como siestuviera en tu piel
    la verdad que psicologicamente creo q necesito un terapeuta je
    nada aveces uno se guarda muchas cosas pero creo q al leer tu historia nose me desperto todo eso que tenia guardado de hace mucho
    las dudas y sobre todo los miedos
    que se yo
    hace poco q se de esta pagina, de hecho es el primer mail que mando
    y sos el primer relato q escucho
    me ayudo mucho creo
    por lo menos a abrir esa caja de pandora q son los sentimientos de una persona q los oculta y trata de mostrarse fuerte para que la familia no sufra mas de lo que ya estan sufriendo
    aveces pienso que si ellos me ven bien todo estara bien
    mas alla de q por dentro uno este mas q perdido en un mar de dudas , miedos e insertidumbre
    no lo se
    estuvo bueno
    gracias

    pablin

  9. caminoadialisis said

    Que tal alejandro como andas? hace mil no comento estuve medio alejado de los blogs…el mio (camino a dialisis) estuvo un poco abandonado. Muy buena la historia, Me resulta extraño porq segun lo q me dijeron a mi uno entra en lista de espera al toque que entra en dialisis, por lo menos eso me dijo mi nefrologo.-

    bueno, pasaba nomas,

    PD: En teoria la semana que viene empiezo con el tratamiento, asiq si tenes algunas preguntas mas q feliz de contestar, sobre todo si queres q preste atencion de algo en particular, ya que solo hay una primera vez..:P

    Saludos

    Juan, el del brazo bionico… 😛

  10. hola te cuento yo hace 5 años q estoy y hace 15 dias entre en operativo empese 8 termine quedando 4 y todo xq tenia el cro-mach vencido otra ves tendremos suerte soy de mar del plata

  11. […] SEGUÍ PARTICIPANDO […]

  12. […] El 22 de febrero último –a tan sólo 9 días de haber entrado en lista de espera– me llamaron para un operativo, cuestión que relaté con detalle en este post. […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: