Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

POST-OPERATORIO (I)

Posted by Alejandro Marticorena en Lunes, 9 junio, 2008

Levantarse a las 5:30 AM, bañarse rápidamente y chequear que los bolsos contengan lo que deben contener (sobre todo controlar ropa interior, cepillo de dientes y dentífrico) parece el inicio de un relato de viaje. Pero en este caso fue lo que hice ni bien me levanté la mañana del 6 de mayo pasado, día en que fui operado de glándulas paratiroides en el Hospital Alemán.

Poco más de tres cuartos de hora después estábamos, mi esposa Lucía y yo, haciendo una suerte de “check-in” (no en vano en los hospitales también se habla de “hotelería”) ante un empleado con mucho aspecto de teutón en la planta baja del citado hospital.

Me asignaron la habitación 900. El “Sector 9” (denominación que pareciera el nombre de alguna serie televisiva) es la forma en que llaman en el Alemán a las habitaciones que disponen de “conectividad“, si se me disculpa la palabra muy “tecno”, para pacientes en diálisis. Una habitación (y un sector) construido hará unos 40 años, aproximadamente. Nada lujoso pero -importante- limpio y organizado.

Un enfermero nos dio la información de rigor (horarios de desayuno, almuerzo, merienda, cena; rutinas básicas hospitalarias, etcétera) y me informó que vendrían a buscarme para llevarme al quirófano quince minutos antes de las 8 de la mañana. Me pidió que me quedara “como Dios me trajo al mundo”, incluyendo relojes, pulseras y todo eso, y nos dejó a Lucía y a mí para que nos aclimatemos.

Con puntualidad -je- alemana, pasaron a buscarme quince minutos antes de las 8. Nunca antes sentí en forma tan clara esa mezcla de mariposas en el estómago (algo muy similar a lo que sentía en mis épocas de estudiante universitario, previo a un examen final) y de “caída-inminente-en-la-montaña-rusa”, en el instante en que vemos que el carrito (y nosotros, claro) está por caer en la pronunciadísima pendiente rumbo al vértigo.

Lucía me acompañó hasta la puerta misma del quirófano. Tratando de hacerme el valiente le sonreí y le dije “hasta luego”. Me sonrió, me dijo que me quede tranquilo, me apretó fuerte la mano, y la camilla entró al momento de la verdad.

Vuelvo sobre lo mismo: sabía positivamente que se trataba de una operación sencilla, prácticamente sin riesgo alguno. El cirujano al que había visto unas dos semanas antes me había explicado que “un uno por ciento del riesgo consiste en daños temporales o permanentes en las cuerdas vocales”, y me habían explicado que “para un cirujano especializado en cabeza y cuello como el que te operará, se trata de una intervención de rutina y de bajísimo riesgo”. Sin embargo los mecanismos del miedo son por completo irracionales, y cualquier explicación, en momentos como ésos, vale bien poco. Y es que en momentos así a uno le viene mejor un abrazo, una caricia, cualquier demostración de afecto. Algo que provenga de los sentimientos. Del corazón, no del cerebro. Éste sirve para otras cosas. No para combatir el miedo. O no esta clase de miedo, al menos.

Ya en el quirófano me encontré con ese clima de preparación del trabajo cotidiano. Una cotidianeidad de la que yo era (como cualquier paciente en condición de “intervenido”) por completo ajeno. Me dieron la bienvenida la anestesista y una médica cirujana, quienes me dijeron que me quedara tranquilo, que todo saldría bien y que comenzarían por administrarme un “sedativo” vía endovenosa.

Me acomodaron en la mesa de operaciones y comenzaron a cubrirme la cabeza con una gruesa tela verde, mientras en el brazo derecho (en el izquierdo tengo la fístula arteriovenosa por donde me dializan, por lo que nada puede hacerse allí) me punzaban para administrarme el citado “sedativo”.

Recuerdo, entonces, que la anestesista me dijo, a pocos segundos de colocarme la vía, “va a comenzar a sentir algún efecto”. Observé entonces las lámparas del quirófano, esa intimidante estructura metálica redonda llena de bulbos tan parecida a los ojos de un arácnido. Estaban aún apagados. De pronto me pareció que alguien movía la camilla porque ví la lámpara girando imperceptiblemente hacia la derecha, en el sentido de las agujas del reloj. Obviamente, nadie estaba tocando la camilla: eran los primeros “efectos” del sedativo. Pensé que en un minuto estaría dormido. Extrañamente, sentí una paz tibia, inundándome despacio, al ritmo del fuerte calmante que llegaba a mi sangre. Tuve la sensación de que todo estaba bien, de que no debía preocuparme por nada. Todo estaba bien así, y sólo deseaba dejarme llevar.

No recuerdo más nada.

El despertar

Voces a lo lejos y la imagen de una ventana abierta, por la que veía algo así como una hoja de palmera recortándose contra el frente de un edificio. El sol brillaba porque la hoja de palmera (y esa porción de edificio que llegaba a ver) estaban iluminadas. Oía vagamente ruidos de autos, colectivos, bocinas. Un ruido a tráfico, a movimiento callejero y cotidiano pero amortiguado por la distancia fueron haciéndome caer en la cuenta de que estaba despertándome, de que la operación ya había pasado. De que estaba volviendo.

Entonces recuerdo el dolor en la garganta al tragar saliva y las náuseas. Náuseas cada vez más intensas, desagradables, incontenibles.

Entonces abrí los ojos y como pude giré a un costado para vomitar. Oí una enfermera que solicitaba algo a otra. Sólo vomité lo que creí que era saliva. Habrán sido dos o tres veces; no sé si separadas por instantes u horas. Estaba terriblemente mareado y sólo quería seguir dormido.

Recuerdo muy borrosamente lo que sucedió en las horas siguientes. Tengo imágenes, como si fuesen fotografías: mi mujer, sentada a un lado de la cama. Luego, mi mujer, de un lado de la cama, conversando con mi madre, del otro lado. Manuel Canalis, el Coordinador del Centro de Diálisis, apoyado contra la pared, a mi izquierda, mirándome y haciéndome algún chiste. Entre cada “foto” tengo la percepción de que pasaron unos cuantos minutos. Una hora, como mucho.

Después, en la medida en que uno puede ir reconstruyendo los sucesos de acuerdo con el relato de los familiares, la realidad es que entre una cosa y otra pasaban varias horas quizás. Según me dijo mi mujer, las primeras veces que somnolientamente dí señales de vida fue cuando eran aproximadamente las once de la mañana. Es decir, tres horas después del comienzo de la operación. Pero sólo estuve plenamente consciente a eso de las tres de la tarde; creo que recién en ese momento realmente estuve fuera de los efectos residuales de la anestesia general.

(Click aquí para seguir leyendo)

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9 comentarios to “POST-OPERATORIO (I)”

  1. Luis Alberto Reyna said

    ¡¡¡Como sabrás estoy leyéndolo detenidamente a este post, ya que yo también voy derechito al cuchillo!!!
    Y ya estoy con miedos y eso que tengo varias operaciones en mi haber…
    Saludos!!

  2. hola Alejando aki yo de nuevo, ya he regresado del trasplante y puedo decir que Gracias a Dios todo ha salido bien hasta ahora. Me operaron el 14 de mayo y a la semana siguiente ya estaba en mi casa, con los cuidado debidos obviamente . He tenido mis consultas para monitoreo y todo ha estado perfecto. Mi hna que me dono , esta bien, solo tiene todavia algo de dolor, pues tuvieron que quitarle la penultima costilla, por que no podian sacar el riñon..
    Pero bueno, he regresado muy contenta y creo que mi recuperacion es bastante satisfactoria.
    Asi que como dices en un comentario anterior: Tanto va el cantaro al agua…Hasta que llega.

    Asi que animo, sigue adelante .

    Dios te bendiga.

    Mayela

  3. Fernando Senra said

    Alejandro, estás inscripto para trasplante renal? sos apto?

  4. Lynnette said

    Felicitaciones por la iniciativa que tuvo e n la creación de este blog que sirve como grupo de apoyo y de orientación para pacientes y familiares que tiene esta condión. No padezco la condición gracias a Dios, pero necesito orientarme sobre la misma.Podría orientarme o referme algun lugar que pueda aprender sobre ¿cuáles son las etapas de la enfermedad y que se experimenta en cada una de ellas?

  5. Paula said

    Ale soy Pau tu prima, hoy te escribì a una direcciòn de mail que no se si seguiràs teniendo, por eso voy por este medio que me parece que llega seguro. Tengo muchas ganas de verte y charlar con vos. Si te pinta, escribime y vemos que onda.
    Te mando un beso enorme!

    Pau

  6. Mariela said

    Hola alejandro, yo se que ya mostraste fotos y todo pero quiero preguntarte que me aconsejas, mi mamá fue operada en la fundacion favaloro de dos by pass y un recambio de valvula aortica, es diabetica, las cosas se complicaron, se infecto de todo y perdio la funcion renal, mas alla de todo lo que paso por suerte hoy la tenemos con vida, ella dialisa tres veces por semana en la fundacion pero ahora cierra ese centro porque van a construir otro, y despues va a abrir de nuevo pero la empresa va a ser fresenius, me tengo que entrevistar en el hospital aleman para que dialise ahi y yo se que vos mejor que nadie me puede decir si esto seria bueno para ella, ya que la dialisis donde esta ahora no es muy limpia, ayer los tecnicos estaban charlando sentados en el suelo, a ella sino la mandarian al dupuytren por un tiempo, que me recomendas?
    gracias por tu tiempo, este espacio es de muchisima ayuda, te lo aseguro, saludos

  7. Respuesta al comentario 5. Hola, Mariela. Perdón por la tardanza en responder. Mirá, sin lugar a dudas te recomiendo el Hospital Alemán. No existen los lugares perfectos, sin duda, pero si podés mandarla a tu mamá al Alemán no te vas a arrepentir. Lo que me contás de los técnicos charlando sentados en el suelo es totalmente antihigiénico, eso no debería ocurrir. ¿Dónde sucedió y cuándo? ¿Podés darme detalles? En qué turno sucedió, quiénes eran los que estaban en esa actitud (no quiero nombres, simplemente saber si eran técnicos en diálisis en horario de trabajo), en qué sector del centro de diálisis, etcétera.

    Te mando un beso,

    Alejandro.

  8. pitapop said

    Hola… yo también fuí operado este verano de hiperparatiroidismo, y la operación y todo eso salió perfectamente… a los dos días ya me dieron el alta y todo… lo que me preocupa es que me dijeron que el estado medio depresivo en el que me encontraba iba a desaparecer poco a poco, y no solo no desapareció sino que va a peor… quería comentarlo para saber si a alguién más que haya sido operado de esta dolencia le ha pasado algo similar…

  9. pitapop said

    ahh… por cierto, a mí me operaron en la Clínica de la Concepción (Fundación Jiménez Díaz) en Madrid… y todo salió perfectamente… no me acuerdo el nombre del cirujano, pero me hizo una intervención perfecta.. tuve un postoperatorio muy bueno y, como ya dije, a los dos días me dieron el alta…

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