Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

MI PASO POR EL INSTITUTO DUPUYTRÉN (I)

Posted by Alejandro Marticorena en Lunes, 13 agosto, 2007

Voy a comenzar a contar mi experiencia en el Instituto Dupuytren mientras estuve internado. Y lo haré en varios posts. Y por varias razones.

Primero, porque hubo demasiadas cosas que no me gustaron, tratándose de un sanatorio privado, con hotelería muy bonita, con buena fama (crea fama y échate a cobrar, diría yo) y perteneciendo a la red de sanatorios de Galeno, cuyo cambio de marca anunciaron con bombos y platillos el año pasado.

Segundo, porque creo que (al menos en la Argentina) la experiencia de una internación enseña a uno que, al contrario de lo que indicaría un (paradójicamente) sano sentido común, suele ser el propio paciente el que debe controlar cómo es atendido, médicamente hablando. Es decir, es el paciente quien debe controlar cómo es controlado. Algo así como un control de calidad que el paciente debe hacer sobre el control que el médico hace sobre la salud del paciente. ¿Paradójico? Sean pacientes. Ya entenderán qué quiero decir.

Los síntomas

El 13 de julio fue viernes, pero yo me sentí “raro” toda la semana. Desde el lunes o martes me sentí como con un cansancio permanente. El cuerpo me pesaba, y me despertaba casi tan cansado como cuando me había ido a dormir.

Lo que primero temí fue que estuviera anémico. Pero era muy improbable. No había tenido hemorragias observables, y además el último análisis de laboratorio en el centro de diálisis del Hospital Alemán, donde me dializo, me había dado un hematocrito de 37 (el normal ronda el 40 o más, para hombres adultos sanos).

Así las cosas, se sumaron un par de factores “inflamables” a tan “explosivo” cuadro. De martes a miércoles debí hacer un ayuno de 12 horas por un análisis de sangre que me indicó la médica clínica (decidí hacer un chequeo general, nunca vienen mal y menos en mi condición de paciente en diálisis). Comí unas rosquitas el martes a eso de las 20:00, calculando que iría al laboratorio a eso de las ocho de la mañana. No cené. No desayuné. Fui al laboratorio; me extrajeron la muestra de sangre. Era miércoles y tuve diálisis. Almorcé los dos sándwiches de pan francés con una feta de jamón cocido y una de queso de máquina cada uno. De diálisis me fui volando a otro laboratorio donde tenía turno para un ecocardiograma, un electrocardiograma, una ecografía renal y una vesiculoprostática. Tuve que subir una (para mí) incómoda escalera. Salí muy cansado de diálisis, y esa “escalada” me mató. Y de allí me fui a mi clase de teatro, de la que volví a eso de las 23:00, como siempre. Y no recuerdo qué cené, pero no fue una comida precisamente opulenta.

Jueves: evento en el trabajo, y mi almuerzo fueron algunas cosas de “catering” (que no lea esto mi nutricionista…). No muchas, pero de cualquier forma, no eran lo adecuado.

Viernes: llevé a mi hijo a la escuela sintiéndome bastante débil. Pensé que estaría incubando una gripe, o algo así, ya que los síntomas eran bastante parecidos. Avisé al trabajo que no iría; realmente la sensación de debilidad era fuertísima, valga la contradicción. Y me dolía todo el cuerpo.

En diálisis comencé a sentirme realmente mal. Me hicieron un hemograma, un cultivo y me administraron antibióticos en forma preventiva. No comí, ya no tenía hambre. Extrañamente, dormí prácticamente toda la sesión. Nunca duermo en diálisis; no puedo ni aunque esté muerto de cansancio. A lo sumo dormito 20 minutos y me despierto generalmente sobresaltado.

Salí de diálisis como pude. En el viaje comencé a sentirme cada vez más débil. Marcelo, el chofer, me reclinó el respaldo del asiento a mitad de camino a casa, así que el resto del viaje fui acostado. Llamé a Lucía, mi mujer, para pedirle que me esperara en la puerta. Imaginaba el “peligro” que me esperaba para cuando quisiera ponerme de pie.

Llegué y me bajé del auto. A duras penas me podía mantener parado. Lucía y un vecino que justo llegaba me ayudaron a subir en ascensor (y al ascensor también) hasta el piso donde vivimos. Hasta que no me acosté estuve con la sensación permanente de que me desmayaría. Conozco los síntomas, en un post de enero de este año relato un desmayo que sufrí a fines del año pasado.

Me tiré en la cama, me tapé hasta las orejas con todo lo que encontré a mano (sentía que me congelaba) y dormí profundamente por unas dos horas. A eso de las 20:30 me desperté sintiéndome no muy bien. Sentía como si me hubiese tomado una botella de aceite (de auto) entera. Me revolví en la cama durante unos minutos. Me quité unas cuantas cobijas. Nada: la sensación se fue transformand0 en unas espantosas náuseas que, finalmente, estallaron en un vómito que a duras penas logré controlar antes de llegar de un par de saltos al baño.

Al instante estaban allí Lucía y Eliseo, mi hijo de 9 años, obviamente aterrados, sosteniéndome mientras lanzaba todo lo que tenía en el estómago y más. Mi mujer me había dado una pastilla de carbón cuando llegué (hacía unas horas había comenzado con diarrea), pero por obvias razones no llegué a digerirla.

Y así fue que aproximadamente media hora más tarde estaban en casa una médica y un asistente de emergencias de Galeno. Me revisaron y decidieron que lo más prudente (sobre todo tratándose de un paciente en hemodiálisis) sería internarme para tenerme en observación. Era viernes, y al cabo de 24 horas mi mujer y yo nos daríamos cuenta de que lo de “observación” sería simplemente un eufemismo.

Me dieron a elegir: Sanatorio Mitre (que ahora se llama “Trinidad Mitre“) o el Dupuytrén. Como en octubre del 2005 estuve internado en el primero por una gastritis erosiva con hemorragia por vías bajas (resultado de mi absoluto descuido respecto de mi ya avanzada enfermedad renal) y mi experiencia también había dejado bastante que desear, elegí lo que quedaba.

(Continúa en el próximo post)

Nota: la ilustración no pertenece al Instituto Dupuytren. Fue tomada del sitio Flickr.com en la cuenta correspondiente a su autora, Joo!Anfossi.

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6 comentarios to “MI PASO POR EL INSTITUTO DUPUYTRÉN (I)”

  1. Disculpa esa foto es mía… podrias decirlo en alguna parte o quitarla de tu blog por favor.
    saludos

  2. Hola, Joo!Anfossi. La foto linkea a tu cuenta en Flickr y al pie del post está aclarado que no pertenecen al sanatorio Dupuytrén, sino que fue tomada del sitio Flickr.com. Sin embargo aclararé que es tuya, mencionándote y linkeándote a tu cuenta en el sitio mencionado.

    Saludos,

    Alejandro Marticorena.

  3. Hola! 🙂 Gracias por poner mi nombre abajo de la foto, era solo eso lo que quería que estuviera claro.
    Saludos.

  4. Carlos Anfose said

    holas:

    Estoy en busca de mi arbol genialogico, tu crees que tengamos alguna concidencia..

    saludos

    • waleskaarroyo garcia said

      Hola soywaleska soy paciente de dialisys llevo. Tres a~os. Estoy en espera de mi transplante me facina cordinar actividades a m,is compa~eros a hora estoy participando en la fundacion puertorriquena delcom rinon me gustaria seguir

  5. antonio said

    Buenos dias.
    Estoy intentando buscar informacion, relacionado con la enfermedad de dupuytren (manos). tengo un hermano que la padece, y se encuentra en pésimas condiciones laborales e economicas. Ha solicitado una pension de discapacidad (pension no contributiva) no tiene el periodo de 15 años cotizados. Pero le han dado pocas esperanzas. Con esta enfermedad (se ha quedado practicamente inutil de las manos)podría tener la posibilidad de conseguir dicha PENSION.
    Gracias, me URGE CUALQUIER INFORMACION.

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