Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

LA DIÁLISIS DURANTE LAS VACACIONES (CON FOTOS) PARTE II

Posted by Alejandro Marticorena en Viernes, 16 febrero, 2007

La efectividad de las “Leyes de Murphy”…

Sigamos con los refranes. Bueno, éste no sé si es un refrán al fin y al cabo, pero merecería serlo. Según una leyenda urbana, es el principio básico del que se derivan las famosas “Leyes de Murphy“, y sostiene que “si algo tiene la posibilidad de salir mal, saldrá mal”.

Si bien internamente en Fresenius ya se había arreglado de antemano cuándo iría yo y por cuánto tiempo (obviamente: no me voy a ir así como así y al llegar allá decir “buenas, vengo a dializarme”) de todas formas me comuniqué con el centro de diálisis de Gualeguaychú pocos días antes de viajar, para chequear que todo estuviera bien.

Informé quién era, cuándo viajaba y –lo más importante– dónde me hospedaría, de modo de dejar organizado el asunto del traslado hacia y desde ese centro. Me atendió una administrativa muy amable (al conocerla personalmente descubriría que su aspecto hacía juego con su amabilidad) quien tomó nota de la dirección del bungalow en el que me hospedaría, y me dijo que el coche pasaría a buscarme a las 5:30 AM del lunes 29 de enero. “Es un Falcon verde”, me dijo, a lo que expresé mi escozor por los pésimos recuerdos que tenemos en la Argentina acerca de ese modelo de la Ford, y de ese color.

Breve paréntesis dedicado a lectores de otros países: durante buena parte del último golpe militar (1976 – 1983) esos autos eran utilizados por grupos parapoliciales para secuestrar personas sospechadas de participar en organizaciones armadas (el régimen las denominaba “subversivas”). Nunca estará de más subrayar que, a un tipo de terrorismo basado en la guerrilla urbana, el gobierno de facto encabezado por el –por entonces — general Jorge Rafael Videla opuso un plan sistemático de eliminación de lo que ellos llamaban “el enemigo” sobre la base de un auténtico terrorismo de Estado, sin apelar a la Justicia, que para eso estaba por más que las garantías constitucionales estuviesen “suspendidas” en virtud el estado de sitio impuesto por el régimen. El Ford Falcon color verde (hay un par de fotos aquí) era el “instrumento” utilizado por los grupos parapoliciales del Ejército Argentino para los secuestros. De hecho, el propio Videla poseía uno.

Fin del paréntesis. Llegamos el domingo 28 de enero por la tarde al bungalow donde nos hospedaríamos con mi familia durante la semana que se iniciaba, y me mentalicé para despertarme al amanecer del día siguiente a las 5:00… pero por las dudas, además puse el despertador.

A las 5:30 ya estaba listo, con mi bolsita de nylon conteniendo mi historia clínica, un libro, mi radio portátil y los auriculares. Ya había desayunado, de modo que decidí esperar el auto en la puerta del predio donde estaban los bungalows.

A las 6:15, es decir un cuarto de hora después del momento que supuestamente yo debería haber comenzado la sesión, todavía estaba esperando, y con un notable frío calándome los huesos. Los bungalows estaban prácticamente en medio del campo y en esa zona es notorio cómo baja la temperatura de noche. El sol aún no había despuntado, de modo que era el momento más “fresco” del día, cuando el amanecer regala esa orgía de colores ámbares, naranjas rosados y rojos.

Pero los nervios (y mi sulfúrico enojo) me impidieron disfrutar de ese bello amanecer. Decidí llamar al bendito centro de diálisis, sospechando lo que finalmente ocurrió: la respuesta a mi llamado fue el penetrante chillido de una señal de fax. Claro: las 6:15 AM no es un horario muy “administrativo” que digamos.

Terminé llamando un remise de la zona. La mujer que me atendió (y por suerte me atendieron) me pidió 10 minutos. Poco antes de cumplirse ese plazo, y por curiosidad, llamé nuevamente al centro de diálisis. Me debe haber atendido una técnica. Ya les conozco el estilo: algo áspero, sin llegar a ser impertinente, distantes pero, pese a todo, conservando aún algunos rastros de amabilidad.

Obviamente, no sabían nada. Me ofrecieron enviarme el remise que utilizan ellos: ya estaba libre, puesto que eran casi las 6:30. Media hora más tarde de lo que debería haber estado allí. Les dije “amablemente” que no, que ya me había pedido uno por mi cuenta. Corté, dije entre dientes algunas frases irreproducibles, y esperé, otra vez en la puerta.

A las siete menos diez, mi volcánico temperamento hizo erupción otra vez. Llamé a la remisería. “Me dijeron diez minutos, señora, y pasó más de media hora”, dije conteniendo el grito que me nacía desde el alma. La señora terminó viniendo ella misma, con su propio auto. Resulta que ella había solicitado un coche de Gualeguaychú (distante de mi hospedaje unos ocho kilómetros) pero jamás se lo habían enviado. Y era una paradoja: más tarde me enteraría de que su remisería quedaba a 300 metros de mi bungalow…

Amanecía cuando la señora apareció en un Fiat Duna negro y algo destartalado. Me pidió las disculpas del caso, y en 15 minutos estábamos en la puerta del centro de diálisis.

Conclusión: terminaron conectándome una hora más tarde de lo que hubiese correspondido, y todo porque la administrativa, evidentemente, olvidó pasarle mis datos al remisero. Éste, tocayo mío, a quien finalmente conocería al final de esa primera sesión, me dijo simplemente que nadie le había informado nada sobre un “paciente en tránsito”, como llaman en la jerga a quienes se dializan temporariamente por estar de viaje.

Afortunadamente, Alejandro, conductor del “temible” Falcon verde, supo a partir de entonces dónde encontrarme.

La sesión siguiente todo salió a pedir de boca. A las 6 menos cuarto el auto llegaba a buscarme. Pero, como nada es perfecto en la vida, la última sesión, la del viernes, el que se mandó la macana fui yo. A las 6:05 me despertó mi esposa, a quien a su vez habían despertado los presurosos golpes en la puerta de mi tocayo remisero, quien por su parte se había ligado más de un insulto en los bungalows circundantes… ya que él sabía dónde quedaba el predio, sí… pero no cuál era mi bendito bungalow, que encontró (leyes de Murphy mediante) al final de la búsqueda. El despertador había sonado… pero yo, simplemente, lo apagué y “seguí viaje” por el país de los sueños.

Es notable la velocidad que adquiere uno, a pesar de estar medio dormido. Seis y cuarto estaba listo, y seis y media llegábamos a diálisis.

(Continúa en el próximo post)

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Sala Gualeguaychú 3

Otra vista del sector izquierdo de la sala y del “office” de enfermería. Se ve el brazo del paciente que estaba a mi izquierda y que, prácticamente, durmió toda la sesión. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo: me resulta imposible dormir durante las diálisis.

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Sala Gualeguaychú 5

Quizás debido a la fuerte languidez de estómago con que llegué a la primera sesión engullí las medialunas y los dos vasos de café con leche sin advertir que podría haberlos fotografiado. Aquí, los “restos”, junto al tomo I de “Último round”, de Julio Cortázar, uno de mis escritores preferidos. Se llegan a ver los conductos de plástico transparente que llevaban mi sangre hacia y desde el dializador.

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4 comentarios to “LA DIÁLISIS DURANTE LAS VACACIONES (CON FOTOS) PARTE II”

  1. Angel said

    La cosa no va tan mal… después de todo, siempre existen problemas con los trasportes.

    Yo no utilizo nunca el trasporte que preparan porque suele siempre llegas 1 hora antes y tienes que esperar 2 horas después de diálisis.

    Lo que hago es conducir mi propio vehículo cuando tengo que ir al hospital para hacer diálisis por algún motivo (normalmente analisis pre-diálsis y post-diálisis).

  2. hola mi padre era enfermo renal murio hace 15 dias pero es falso que la dialisis es una cura al problema por que este concepto se comvierte en TERMINAL. por que mi padre le descubrieron su problema y solo duro cinco meses.

    por que los medicos no prepara al doliente para estar preparado en la etapa final?

  3. Susana said

    Hola queria saber como es el tema para dializar en vacaciones a mi esposo, y si la Obra social IOMA profe le cubriria los gastos. La fecha sera finales de enero, mi esposo se dialisa los dias martes, jueves y sabados. Las vacaciones serian en la ciudad de gualeguaychu.

  4. María Elena said

    Hola les cuento que vivo en Villa Carlos Paz y el año pasado (mayo 2008) me fui de vacaciones a Gualeguaychú y cuando uno está fuera del centro de dialisis a la que asiste normalmete siempre se suscitan inconvenientes, lo que no debería suceder, pero gracias a dios todo salió bien, solo que la única situación que me pareció un poco incomoda fue la desesperación por ver el cheque que mi obra social había enviado a travez mio. Pero bueno también tenemos que ser concientes que mal que nos pese nuestra enfermedad es un negocio para algunos y vida para otros.
    saludos Maria

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