Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

LA VALENTÍA DE LINA SOLER, ÚLTIMA PARTE

Posted by Alejandro Marticorena en Jueves, 8 febrero, 2007

Tercera y última parte del relato de Lina Soler.

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LA PRIMERA SESIÓN

Era ya por la tarde cuando tuve mi primera sesión. Nunca olvidaré la sensación de vaciado de cerebro líquido que tuve. Como era de pequeño tamaño (y lo sigo siendo), me dormí al instante sin darme cuenta. Minutos antes, una enfermera le había dado la vuelta a la máquina porque me daba impresión ver las vías con la sangre. Yo diría que lo tuve que soportar. No podía alejar de mi pensamiento la idea de que el catéter, en un momento u otro, se saldría de su sitio y haría brotar la sangre como un surtidor que riega un jardín, lo cual provocaría, evidentemente, mi muerte. Una muerte silenciosa que tendría lugar sin que nadie lo supiera si aquello sucedía mientras dormía. Pánico, podría llamarse.

Cuando la enfermera procedió a la desconexión, me desmayé sólo de pensar en el término “desconexión”, ya que ni sabía qué era lo que hacía exactamente al tener la cara tapada con la mascarilla. A las enfermeras, eso les hacía gracia. Yo, ese día, sólo tenía ganas de llorar. Así que le lloré a la enfermera. No porque había “sufrido” mi primera sesión de diálisis, sino porque me parecía muchísimo tiempo para estar sin miccionar. “¿Esto va a ser siempre así?”, le preguntaba entre sollozos. Me vistió mi madre, que estuvo en todo momento a mi lado, y nos decidimos a irnos a casa. Me habían asignado el turno del lunes, miércoles y viernes de mañana. “Puedes caminar, no te preocupes”, me decía el médico. Y yo pensaba: “¿Seguro que voy a poder caminar con un tubo en la ingle, recién operada, recién trasfundida y recién dializada?” A mí, el sentido común me decía que no; pero los médicos a punto estuvieron de empeñarse en la idea de que podía incluso jugar un partido de fútbol. Y aquella escena la recuerdo como si fuera una película de Emir Kusturica. Un montón de enfermeras y médicos, asomados justo hasta la línea imaginaria que creaba la puerta del departamento, con sonrisas y gestos con las manos me decían que caminara, que avanzara, que paseara, que no pasaba nada, que en el manual decía que podía caminar sin problemas. Y yo les hice caso. Miré el pasillo. Se alargó ante mi vista. Pensé en los tres pasillos que quedaban hasta llegar a la zona de los ascensores. Pensé también en los pasillos hasta llegar a la puerta principal del hospital. Y, finalmente, pensé en el lugar donde habíamos aparcado el coche. Muy lejos. En esos momentos supe que nunca llegaría hasta él por mi propio pie. No conté los pasos que di. Debería haberlo hecho, porque ahora podría escribir algo así como que di sólo diez pasos hasta que me desmayé. Sí, a diez pasos del primer tramo de los cinco siguientes que me quedaba recorrer hasta el medio que me llevaría a mi casa, lugar en el que deseaba estar con toda mi alma. O lo poco que quedaba de ella.

EL CATÉTER PERITONEAL

Otra vez rodeada de enfermeras, de médicos, de tensiómetros, de termómetros… Camilla media hora y silla de ruedas para ir hasta el coche. Esto era algo más lógico. Llegué a mi casa y empecé a enfrentarme a mi nueva vida. Cuando aún ni había podido recuperarme de esta operación, me operaron de nuevo para implantarme el catéter peritoneal. Fue concretamente a los dos días de la primera. Fue una intervención sencilla, con anestesia local. Sin dormirme. Sólo con una especie de “suero de la verdad” que hacía que no recordara nada de lo que había pasado momentos antes. Pero el cirujano no terminó la intervención muy convencido de su éxito. De hecho, cuando la enfermera probó el catéter, vio que no funcionaba. Supongo que conocerás el mecanismo de la peritoneal. Se infunde un líquido dializante que limpia la sangre por una especie de propiedad de atracción y luego se drena a una bolsa para volver a infundir líquido limpio. En mi caso, la infusión no tenía problema; el problema estaba en el drenaje, ya que el líquido se quedaba en mi cavidad peritoneal.

Por este motivo estuve dos meses en hemodiálisis, porque necesitaba la diálisis y mi catéter peritoneal no funcionaba. En este tiempo, tuve varios percances, que a lo mejor te resultan algo más familiares, aunque tú supongo que tendrás fístula. En varias ocasiones, la enfermera tuvo que meter o sacar el catéter femoral porque no funcionaba. También sufrí un par de ataques de insuficiencia respiratoria a causa de un mal cálculo en el peso seco y la consiguiente retención de líquidos en el pecho. Y las últimas dos semanas empecé a sufrir desmayos y vómitos. En general, la mayor parte del tiempo la pasaba dormida, ya que el hecho de tener cierta cantidad de sangre fuera de mi pequeño cuerpo me dejaba sin fuerzas siquiera para tener los ojos abiertos.

EL HOY Y EL MAÑANA

Más tarde me operaron con anestesia general para arreglar el problema de mi catéter peritoneal. Ese fue el momento más duro de todos, ya que el postoperatorio fue complicado y tardé algunos días en recuperarme. El pasado 3 de noviembre empecé con los recambios de la diálisis peritoneal. Lo recuerdo como un día feliz. A finales del mes de noviembre me llamaron para trabajar en una revista. Y esa es mi situación ahora. Trabajo media jornada, por las mañanas sólo. Lo llevo bien. He de hacer cuatro recambios al día. El primero, a las nueve de la mañana, antes de ir al trabajo. El segundo me pilla cuando llego de trabajar, a las dos. El siguiente me toca a las siete de la tarde y el último, antes de acostarme, a las doce de la noche. En el tiempo en que he estado enferma antes de la diálisis, he tenido cuatro trabajos distintos. Todos los he tenido que dejar por motivos de salud. Hasta una empresa propia. Espero que este me dure. También desde entonces, he escrito cuatro libros. Ahora voy por el quinto, pero escribo muchísimo menos. Me sigue ayudando, pero lo veo todo menos traumático. Ahora echo la vista atrás y pienso que debería haber consultado con un psiquiatra. Creo que estuve muy mal. Ahora la gente pregunta cómo estoy. Y yo les digo que contenta. Muy contenta de haber recuperado las riendas de mi vida, gracias al hecho de que aprendí que no hay que acostumbrarse al problema, sino normalizarlo. Tal vez con la hemodiálisis resulte más difícil. Eso fue lo que me llevó a darte ánimos.

En fin, no quiero aburrirte más. El viernes he de ir a firmar el consentimiento para el trasplante. A partir de entonces, empiezo a jugar a la ruleta, a ver cuándo me toca. Me han dicho que en un plazo de dos años es posible que ya esté trasplantada.

Besos animosos.

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3 comentarios to “LA VALENTÍA DE LINA SOLER, ÚLTIMA PARTE”

  1. Angel said

    Hola Lina
    quiero aprovechar este espacio que nos brinda Alejandro para animarte a seguir adelante.

    Yo estoy conviviendo con esto desde que tenía 12 años (ahora tengo 30). He pasado por diálisis peritoneal, hemodiálisis, un trasplante (me ha durado 18 años) y ahora estoy en hemodiálisis domiciliaria y esperando otro trasplante.

    Sé lo duro que es tener complicaciones, peritonitis (infecciones del peritoneo), que la fistula no funcione, un cateter en la ingle y, ahora, un cateter en el pecho.

    … pero lo mejor de todo es no perder la esperanza ni las fuerzas. Yo creo que lo mejor está por venir y que hay que ser fuerte y asumir la vida como un reto.

    Espero que todo te salga genial y que pronto disfrutes de un trasplante… es volver a ser totalmente normal.

    Saludos,
    Angel

  2. lina said

    hola, ángel;
    muchas gracias por todo. ya hace cuatro meses de aquello y voy conociendo a gente que está en situaciones parecidas y con historias siempre distintas. la tuya es esperanzadora. veo que tienes fuerzas para seguir adelante. a mí, un pensamiento me mantuvo con ánimos: panta rei, todo fluye; todo pasa, hasta lo malo. te admiro por lo que has emprendido: realizar la diálisis en casa. espero que todo te vaya bien. alegra mucho conocer a gente como tú. y todo gracias a alejandro.
    muchos besos. a los dos.

    pdta: yo quería añadir al relato que envié a alejandro una enorme gratitud al departamento de diálsis del hospital lluís alcanyís de xàtiva (valencia, espanña), por tratarme como si fuera la única enferma del mundo. con tanto cariño, ternura, dedicacación y humanidad.

  3. Jesus said

    Muchísimas gracias por el ejemplo que nos dais de fuerza y valor. Gracias.

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