Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

EL TESTIMONIO DE ALGUIEN COMO YO

Posted by Alejandro Marticorena en Jueves, 21 diciembre, 2006

Revisando el sitio web del INCUCAI encontré un testimonio que me conmovió. Pertenece a un paciente en diálisis, que comenzó su tratamiento en mayo de 1997. No sé si me conmovió porque de alguna manera refleja parte de lo que me pasa a mí o, simplemente, porque está escrito con mucho sentimiento.

De cualquier forma creo que vale la pena leerlo. Y no es el único: forma parte de una lista, en la que además hay testimonios de una trasplantada hepática; de los padres de un nene trasplantado renal; de la integrante de una familia que donó un órgano; de una mujer trasplantada de riñón; de una trasplantada de córnea y de un trasplantado renal con donante vivo relacionado. Todos esos testimonios pueden encontrarse aquí.

Vaya como modesta contribución a esta suerte de “campaña” que inicié desde Diario de Diálisis en favor de la donación de órganos.

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Daniel F. – Paciente en lista de espera renal
Haciendo memoria de mi pasado lo que más puedo destacar es mi historia como futbolista que comenzó por el año 1948, en un campito cerca de mi casa ubicado en las calles de La Rioja y Bv. Chacabuco, de mi querida ciudad de Concordia, provincia de Entre Ríos, jugando a la pelota, como decíamos en aquel entonces. La pelota era de trapo y la realizábamos con medias viejas de mi madre o de mis tías.


En aquellos tiempos jugamos distintos campeonatos de babyfutbol, Evita, Intercolegiales, Secundarios, Provinciales y Nacionales. Mi hermano Luis me inscribió en el Club Wanders, e ingresé en el fútbol oficial, que pasó a ser mi gran pasión. Jugué en la 5ta división, y después en la 1ra división del club.


En el año 1958 jugué en el Club Atlético Boca Juniors, en Capital Federal, en 3ra y 4ta división. Por distintos problemas no se concretó el pase a dicha institución y regresé a mi querido Club Wanders; integré varios años el seleccionado de la ciudad de Concordia, donde había muy buenos jugadores; también jugué a préstamo para otros equipos en contra de los profesionales que nos visitaban en Concordia, pude viajar y conocer varias ciudades, participando en campeonatos entrerrianos, argentinos y ferroviarios nacionales. Viajé a Paraguay, jugué en la cancha Defensores del Chaco, también viajé a Uruguay. Jugué en varias ciudades con suerte diversa: perdimos, ganamos o empatamos en distintas oportunidades. Jugué mis últimos partidos para el prestigioso Sarmiento Fútbol Club, en el año 1974.


Después comenzó otra historia, ya jubilado por incapacidad cardiovascular. Un día fui al médico y al leer mi ficha personal me dijo: “Mana (es mi sobrenombre y por el cual muchísima gente me conoce), vos no tomás las pastillas que te doy para la presión”. Le contesté que sí las tomaba, entonces se dio cuenta que yo tenía otro problema. Me hicieron una ecografía de los riñones, cuando le llevé los resultados me informó que debía consultar a un especialista nefrólogo. Luego de la primer consulta, en la que me sacaron sangre, me citó al día siguiente en la clínica. En ese momento yo pensé que tenía SIDA, me veía amarillo, lleno de granos, me picaba todo el cuerpo. No fui a la consulta con el médico por temor; un hermano mío vino a buscarme y me llevó directamente al quirófano para colocarme el catéter, y desde el 28 de mayo de 1997 estoy en hemodiálisis y en lista de espera para un trasplante renal.


Desde esa fecha pasé por distintas situaciones: internaciones en terapia intensiva, desmayos, caídas, bajas de presión, depresiones anímicas, dolores de brazos, hematomas. A pesar de todo sigo luchando por vivir y tratando de servir a los demás, siendo útil a mis compañeros de diálisis, a mi familia y alos amigos que el fútbol me dejó. La prensa oral y escrita me recuerda permanentemente, tengo el apoyo de mis familiares, todos me alientan y me estimulan a seguir, como también los profesionales y personal del centro de diálisis donde me trato semanalmente.


Siempre le pido a Dios y a la Virgen que me den fuerzas para continuar, con la esperanza de que se produzca ese acto de amor que es la donación de órganos y tenga la posibilidad de trasplantarme, para seguir sirviendo a los demás.

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