Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

LAS FIESTAS EN DIÁLISIS

Posted by Alejandro Marticorena en Martes, 19 diciembre, 2006

Muchas veces me planteé, sobre todo al inicio del tratamiento, allá por los fríos y lejanos días de julio, cómo sería esto de bancarse una rutina como la que impone un tratamiento de hemodiálisis, teniendo que hacer precisa y exactamente lo mismo tres veces por semana, durante cuatro horas, yendo al mismo lugar, recostándose prácticamente siempre en la misma camilla, viendo siempre los mismos programas de TV (a Alberto, un compañero septuagenario que se dializa a mi izquierda, le gusta con locura “Almorzando con Mirtha Legrand“), durante el mismo horario, y viendo las mismas técnicas y técnicos en diálisis. Y los mismos doctores. Almorzando siempre los mismos dos sándwiches de pan francés con 1 (una) feta de jamón cocido y 1 (una) feta de queso de máquina. Viendo (casi) siempre a los mismos compañeros de diálisis. Tolerando, muchas veces, las mismas ñañas de los mismos gerontes (o no tan gerontes)…

Soy de los que creen que la rutina no es buena. Y soy de los que creen que lo es mucho menos para mí. Siempre le temí a la rutina. Me parece infausta, gris, mediocre.

Y esto, pese a que el mundo se compone por rutinas, es cierto: todos los sacrosantos días sale el sol, todos los sacrosantos días se pone. La luna sigue matemática (o religiosa) mente su derrotero luna nueva – cuarto creciente – luna llena – cuarto menguante – luna nueva con los mismos períodos e intervalos. Las mareas bajan y suben siempre con los mismos ritmos.

Pero algo aprendí en esta rutina forzosa y sarmientina de la diálisis: que uno se acostumbra a todo. Es cierto ese refrán.”El hombre es un animal de costumbre”.  Es cierto, también, que la diálisis es espantosamente rutinaria. Pero, igual que en la naturaleza, igual que en cualquier cosa del mundo físico, ninguna rutina es igual a otra, lo que sería casi una paráfrasis del orwelliano “todos somos iguales pero algunos somos más iguales que otros”.

Hay pequeñas variaciones, pequeñas diferencias entre una y otra marea, entre uno y otro cielo que sostiene a la misma (aunque cambiante) luna. Hay diferencias entre uno y otro amanecer, y el sol no se despide todos los días igual. Es más, creo que fue Heráclito el que  dijo alguna vez que “uno no se baña dos veces en el mismo río”.

En diálisis pasa (créanme) lo mismo.

Desde el estado de ánimo de uno hasta las personas que entran a la sala de diálisis durante la sesión, muchas cosas parecen esforzarse por ser diferentes cada vez. Es como un ying y un yang. Novedad versus rutina, recurrencia contra alteración, ambas se oponen aunque coexisten en, digamos, una forzosa armonía.

¿Y las fiestas para cuándo?

Y, falta poco. Apenas algo más de tres días.

Ahora en serio: después de semejante preámbulo (siete párrafos, una aberración para cualquier texto periodístico) llego al carozo de la cuestión. Pero para eso este post está archivado en la categoría “Reflexiones”, que establecí como manera de autootorgarme ciertas libertades.

Ésta es la parte donde relato cómo esa delicada y oriental rutina de las diálisis se hace pedazos. Resulta que este año, el 25 de diciembre y el 1º de enero caen lunes, que es uno de los días de la semana en que me dializo. Y, claro, los técnicos en diálisis, los médicos y el personal de limpieza, resulta que tienen familias y que normalmente gustan de pasar las fiestas con ellas. Y las fiestas, claro, no son un feriado cualquiera.

De modo que se hizo una diagramación de turnos algo… estrambótica.

Hoy es (sólo por media hora más) martes 19 de diciembre. Mañana, miércoles 20, y el viernes próximo, 22, tengo diálisis. Y la sesión del lunes 25 me la pasan al día anterior… pero a las dos de la mañana. Sí: leyó bien. El 24 de diciembre de madrugada (o, para evitar confusiones, a la noche tarde del 23) deberé prepararme para que el remise (o taxi) pase a buscarme para ir a diálisis a la 1:30 AM. Comenzaré a las dos, y estaré terminando… al amanecer: seis de la mañana, cuando los pájaros canten, el sol asome (si no es que llueve) y la mayoría de la ciudad esté dormida.

No sé si podré dormir durante esa inusual sesión. Lo que sí es seguro es que muchos llevaremos, tal como nos hicieron prometer las técnicas que nos atienden, sidras, panes dulces, budines y turrones diversos (una licencia controlada por la especialista en nutrición) como para celebrar, a nuestra manera, la llegada de la Nochebuena.

Después de todo, con todos ellos pasamos 12 horas semanales compartiendo el mismo ambiente.

Somos, podría decirse, casi una familia. Es lógico que lo celebremos, ¿no?

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2 comentarios to “LAS FIESTAS EN DIÁLISIS”

  1. Eduardo said

    Lo bueno que tiene el blog, casi diríamos ya como género, es poder contar las cosas desde adentro.
    Lo bueno que tiene este blog es que hace sentir las cosas que pasan dentro, ya no sólo de una sala de diálisis en la ciudad de Buenos Aires, sino dentro de quien escribe: un tipo al que una insuficiencia renal lo “secuestra” dos días enteros, con sus noches, al mes, para dializarse. Y que en lugar de deprimirse, putear, convertirse en un resentido, nos escribe, nos cuenta, nos abre las puertas de su ser como si fuera su casa y nos dice: “pasá, mirá, disculpa que tenga el ser un poco desarreglado pero es que no hago a tiempo…”
    La verdad, un ejemplo…

  2. ¡Gracias, Edu! Amigazo del alma, me vas a hacer poner colorado, che. Es muy alentador recibir comentarios como éste, sobre todo durante estos últimos días en que ninguno de los que comentaba los posts me escribió.

    ¡Den señales de vida, che!

    Un abrazo para vos y para todos los demás.

    Alejandro Marticorena.

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