Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

UNA NUEVA: AHORA, BURSITIS…

Posted by Alejandro Marticorena en Viernes, 15 diciembre, 2006

Hará aproximadamente 20 días comencé a sentir una molestia en el codo izquierdo. La sentía fundamentalmente cuando me apoyaba sobre ese lado, por las noches, al girar en la cama.

De buenas a primeras, el dolor se transformó en una inflamación en la zona que en pocos días adoptó la forma (y casi el tamaño) de una pelota de ping-pong… sólo que metida debajo de la piel, y sobresaliendo del codo. Algo bastante desagradable de ver, por cierto.

El dolor, para entonces, desapareció. Sólo quedaba la “pelotita”, cuya consistencia al tacto denotaba claramente que contenía líquido. Obviamente, consulté con los médicos mientras me dializaba. Por deformación profesional, consulté varias “fuentes”, es decir, a varios profesionales, ya que dependiendo de los días no está siempre el mismo en mi centro de diálisis.

El diagnóstico fue “bursitis“. Es una inflamación de la bursa del codo, cuyas causas pueden ser variadas y heterogéneas. Según uno de los médicos, la causa pueden ser las cuatro horas, tres veces por semana, que el brazo permanece inmóvil y apoyado sobre el codo mientras me dializo. Me resultó extraño, ya que ya se cumplieron los cinco meses desde que comencé el tratamiento y recién ahora se me produce esto.

Según otra “fuente”, puede deberse a que, justamente, por ser el brazo que se utiliza para la diálisis, hay una mayor (bastante mayor) circulación de líquido y sangre en ese brazo, fundamentalmente debido a la fístula, que generó el buscado engrosamiento vascular que posibilita la diálisis.

Así las cosas, hablé el miércoles con el coordinador del centro de diálisis del Hospital Alemán. Me gusta el tipo. Campechano, por momentos algo áspero en el trato pero en definitiva cálido, y ejecutivo. Resolvió punzarme allí mismo para extraerme el líquido luego de que le relatara brevemente mi experiencia en la guardia del Sanatorio de la Trinidad Palermo (lo cual relataré en el próximo post: no se lo pierdan).

De modo que agarró una jeringa, me punzó y, no sin dificultad, me extrajo al menos la mitad del líquido que había atrapado allí, que resultó ser, aparentemente, casi todo sangre. Dije “no sin dificultad” porque, al contrario de lo que yo suponía, tuvo que hacer bastante fuerza con el émbolo de la jeringa para la extracción. Yo creí que la pelota, al ser punzada, expulsaría su contenido como si fuese una bombita de agua pinchada. Pero no.

Ahora sigo teniendo una hinchazón (bastante más pequeña, por cierto) que todavía me molesta si quiero apoyar el codo en una mesa, un apoyabrazos, etcétera. Pero al menos no me jode tanto como antes. Y mientras tanto, tengo que tomar un antiinflamatorio (tengo Paracetamol, pero el médico me dijo que puede ser Ibuprofeno también) y aplicarme hielo. Y veremos cómo reacciona. Dice que, a veces, en pocos días más vuelve a estar como antes, casos en los que se aplica una inyección local de corticoide. Y otras veces, directamente se reabsorbe hasta desaparecer.

Veremos cómo sigue.

En el próximo post, mi experiencia en la guardia del coqueto Sanatorio de la Trinidad Palermo.

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