Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

DOS MODESTOS HOMENAJES

Posted by Alejandro Marticorena en Sábado, 9 septiembre, 2006

Homenaje I

Ayer me enteré de que hace dos noches falleció Carlos, uno de los pacientes que compartía sala y turno conmigo. Me enteré, también, de que no hacía mucho tiempo que se dializaba. Por lo que pude averiguar, apenas unos días más que yo.

A Carlitos no se lo veía bien. No sé si en algún post hablé de él en particular. En realidad creo que no dí un perfil de nadie. No todavía: tengo pensado hacerlo, pero dentro de un tiempito, cuando los conozca mejor a todos.

El hecho es que Carlos tenía mal aspecto. Es más, normalmente lo traían o se lo llevaban en silla de ruedas, cuando no en camilla. Recuerdo una vez en que se lo llevaron con una mascarita de oxígeno puesta, en camilla, tapadito con una manta. Dormía, pero parecía muerto.

De hecho, durante las sesiones de diálisis también dormía, y también parecía muerto cuando lo hacía. Estaba flaco, muy flaco. Y amarillento.

Cierro los ojos y aún creo verlo, desde mi camilla de diálisis, acostado en la suya. Siempre estaba tapado con una de las mantas de guata que nos dan, con las piernas flexionadas, generalmente con los ojos cerrados, y con un par de auriculares tipo “vincha” en los oídos. Con ese aditivo pueso, Carlitos generaba un aspecto extraño. Lucía viejo y pálido. Los auriculares, al contrario, eran modernos, elegantes, de un color gris plateado y con formas suaves y curvas, casi aerodinámicas. Una extraña conjunción entre lo viejo y lo nuevo, entre lo desgastado y lo reluciente.

Carlos tenía una mirada profunda, dulce y sufrida. Estaba prácticamente pelado. Yo estaba casi seguro de que rondaría los 80 años.

Hay veces que las sesiones de diálisis se hacen largas. No necesariamente aburridas. O al menos a mí, todavía (por suerte) no se me hacen aburridas. No al menos en los términos en que yo concibo el aburrimiento. Entonces uno se vuelve observador. Más observador que nunca. Y yo soy, por naturaleza, observador: una cualidad esencial si se pretende hacer periodismo. Y observando, muchas veces me detuve a contemplar a Carlos.

Más de una vez pensé, mientras lo miraba dormir, el notable parecido que tenía con un cadáver. Si no hubiera sido por los auriculares puestos, y por el hecho de que el dializador no disparaba ninguna alarma, hubiese llamado a alguna de las técnicas para que lo fueran a ver. No fuera cosa de que se nos hubiera quedado seco ahí, nomás.

Muchas veces me llamó la atención cómo la muerte va desdibujando los rasgos de sus próximas víctimas. O, mejor dicho, cómo va dibujando los suyos en la cara y el cuerpo de quienes están próximos a irse con ella. Pareciera que decide ir tatuando sus signos, su inexorable preaviso, de manera que el entorno se vaya haciendo a la idea.

Hace pocos días recuerdo que el director del centro de diálisis y el coordinador estuvieron hablando un largo rato con él. No sé de qué hablaron; desde mi camilla escuchaba las voces pero no las palabras. Supongo que hablarían sobre su enfermedad, sobre su tratamiento. El tipo, pese a lo que padecía, daba una apariencia calma, despojada de dramatismos. Parecía ser una de esas personas que habían vivido su vida apaciblemente, aunque sin restricciones ni demasiados conflictos. Parecía una persona que no tenía asignaturas pendientes con la vida.

Las técnicas en diálisis hablaban muy bien de él. Liliana, la técnica que me atiende, me había dicho más de una vez “tiene una enfermedad jodida. Pero vieras con qué entereza la pelea, las ganas de vivir que tiene. Es envidiable”.

Según lo que pude averiguar, Carlos padecía de “síndrome mielodisplásico“. En pocas palabras, puede decirse que es una enfermedad que afecta la normal producción de glóbulos rojos, blancos y plaquetas sanguíneas. Por lo poco que sé, los glóbulos rojos transportan el oxígeno y lo distribuyen por todo el organismo. Los glóbulos blancos son parte esencial del sistema inmunológico: son como los “soldados” que defienden en organismo de ataques externos, tales como gérmenes y bacterias. Las infecciones no son otra cosa que miles de millones de glóbulos blancos en lucha con agentes extraños. Las plaquetas, finalmente, tienen el rol de coagular la sangre en caso de heridas, evitando que uno se desangre ante el sólo pinchazo con una espina de rosa, por mencionar un ejemplo poético.

No sé si ese síndrome es una de las malditas subespecies del cáncer. Una de las técnicas en diálisis me había dicho, hace unas semanas, que padecía de leucemia.

Es lo de menos.

No llegué a conocer casi nada de él. No sé qué había hecho en su vida. No sé nada sobre su familia, ni si tuvo hijos o nietos. No sé si en otra época, en otras circunstancias, hubiéramos sido amigos del alma, o enemigos a muerte.

En cualquier caso, él ya no está, pero afortunadamente ya no sufre. No sé dónde estará, y tampoco sé si estará en alguna parte.

No tenía los 80 años que aparentaba. Tenía apenas 62 y, como suele suceder, debería haber vivido muchos años más. No pudo ser. Cosas de la vida. Y de la muerte.

Este post es mi modesto homenaje para él.

Homenaje II

Ya que hablé de Carlos no puedo dejar de hablar de otro de los pacientes que, durante los primeros días de mi tratamiento, compartió conmigo sala y turno.

No recuerdo ahora su nombre. Creo que es lo de menos. Sé que él era menor que Carlitos; apenas pasaba los 50. Era tachero (taxista, para quienes no compartan los “argentinismos”), estaba casado y tenía dos hijos.

Recuerdo que tenía muy buen humor. Siempre bromeaba con Liliana quien, igual que a mí, lo atendía a él. Solía elogiar el tamaño de sus pechos, y siempre la “amenazaba” con las cosas que le haría cuando estuviera bien.

Este hombre falleció hará dos o tres semanas. Por lo que pude saber, debieron trasplantarlo de urgencia porque ya no quedaba sitio por dónde canalizarlo para la diálisis. Ya no tenía venas en condiciones de ser punzadas. Lo operaron para el trasplante, pero luego hubo complicaciones post-operatorias. Al parecer, sufrió una septicemia (infección generalizada).

Algunos rumores señalan que el hospital y el cirujano que le tocaron, no eran precisamente “de lo mejor”. Los mismos rumores indican que, en medio, hubo alguna hijoputez por parte de su obra social, siempre por razones económicas.

No puedo confirmarlo ni desmentirlo, aunque me gustaría poder hacer alguna de las dos cosas con información confiable. Así será, por supuesto, si la consigo. Estas cosas no pueden quedar así.

Sea éste, entonces, el otro homenaje necesario.

Y sirva este post para que todos aprendamos a valorar lo que muchas veces no advertimos: que estamos vivos y –en términos generales– saludables. No por repetido, este concepto deja de ser real.

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4 comentarios to “DOS MODESTOS HOMENAJES”

  1. elsa said

    Ale.hoy quede muy triste cuando lei los homenajes que hiciste,yo creo como contaste de este señor de 50 años que no habia mas lugar donde pincharlo,quizas si hubiera mas gente que donara organos esto no hubiera pasado, no se si es por miedo o porque a veces piensa esto no me va a pasar a mi,mira yo hace unos dias fui a una consulta,habia una señora esperando para ser atendida y escuchaba que decia cuando fui a sacar mi documento nuevo que perdi me preguntaron si queria ser donante dije que no,pero ahora que estoy asustada por unos estudios que me salieron mal,ya tome conciencia que tengo que ser donante,porque yo pensaba esto no me va a pasar nunca a mi.yo creo que cuando las personas se encuentran en situaciones limites recien se dan cuenta que pueden necesitar del otro,que se yo,esa es mi impresion ale.y espero que muchas personas tomen conciencia que donar organos es dar vida. besos

  2. Elsa, es muy cierto lo que decís respecto de la donación de órganos. Afortunadamente la nueva Ley Nacional de Trasplantes hace un favor a todos los que –como muchos de los que estamos en diálisis– nos tocará dentro de un tiempo pasar por esa fase. Hoy es a la inversa que antes; hoy se presume que todos somos donantes excepto que hayamos manifestado lo contrario.

    Es como dice el refrán. Nunca digas “de este agua no he de beber…” Si bien siempre fui partidario de la donación de órganos, muchos años antes de enfermarme del riñón, nunca hubiera pensado que yo estaría en el lugar del receptor.

    Gracias por tu comentario.

    Alejandro Marticorena.

  3. Cecilia Mesón said

    Hola Alejandro, cómo estas?
    Me llamo Cecilia y tambien me dializo hace más de ocho años ya. Por la foto que ví parece que nos dializamos en institutos de la misma empresa. Por lo menos tenemos la suerte de contar con los medios necesarios y poder elegir en dónde y con quién dializarnos. No todos tienen esa suerte y sabemos que para nosotros la calidad de la dialisis se relaciona directamente con nuestra calidad de vida.
    Leyendo tus notas me sentí muy identificada tengo la suerte de estar bastante bien de salud a pesar de todo y me tocó vivir en muchas oportunidades situaciones como las tuyas con compañeros que aprendí a apreciar mucho, es duro pero hay ocasiones en las que ruego para que Dios se acuerde de ellos…..si lo sé sos agnóstico y esto pueda que te cueste entender pero yo sí creo en una vida mejor.
    Siempre me ayudó mucho pensar que esto es transitorio, solo estamos de paso y no sé a lo mejor esta vida que nos tocó tiene alguna recompensa, no te parece un aliciente por lo menos.
    Yo me enfermé muy chica tenía 17 creo que por eso me adapté bastante bien a mi enfermedad, estaba en pleno crecimiento, en plena maduración y como cualquier cambio lo fuí interiorizanzo. Pienso que en ocasiones es más dificil para personas mayores que tienen vidas resueltas, profeciones, familias, responsabilidades, enfrentar cambios tan radicales como los que se presentan con enfermedades como la nuestra.
    Cuando recién me enfermé estuve solo un año y medio en dialisis( del 84 al 85, imagináte era como la legión extranjera)luego pude trasplantarme con el riñon de mi mamá. Estuve trasplantada 13 años, bastante para la medicación que tomé. Volví a dialisis en el 98, otro mundo gracias a Dios, comparando con el recuerdo que tenía de mis sesiones en el 85.
    Fué muy dificil la vuelta por supuesto, pero me fuí adaptando y por supuesto ayudó el sentirme bastante mejor.
    Conocí tu blog por un amigo que te escribió hace unos dia, José Urpi, estoy trabajando con él, creo que te comentó lo que estamos haciendo.
    Solo quería contarte un poco mi historia para que te sientieras acompañado.
    Si quisieras compartir algo, lo que quieras estoy a tu disposición.
    Besos, Cecilia.

  4. Hola, Cecilia. Bueno, me hace muy bien leer lo que me decís. Con respuestas como las tuyas consigo algo más de motivación para seguir bancándome de buen ánimo el tratamiento. Te agradezco infinitamente por eso.
    Me interesa mucho tu historia, Cecilia. ¿Qué opinás si te propongo que relates algo sobre tu tratamiento así lo publico aquí, en Diario de Diálisis? Algo que me interesaría mucho que cuentes es una síntesis de las diferencias que ves en ésta, tu “segunda etapa” de diálisis, en relación con la primera, a mediados de los años ’80. ¿Qué te parece? No estaría mal, creo, para todos aquellos quienes, como yo, somos “primerizos” en el tratamiento y no tenemo noción de cómo ha progresado la tecnología aplicada a la hemodiálisis. En su defecto, te dejo “tema libre” para que cuentes lo que desees. ¿Te parece? Un beso grande y gracias por escribirme.

    Alejandro Marticorena.

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