Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

TRAS EL TRASPLANTE

Posted by Alejandro Marticorena en Viernes, 8 septiembre, 2006

Con este post comenzaré lo que, seguramente, se transformará en una saga.

Hace aproximadamente 15 días, el coordinador del centro de diálisis del Hospital Alemán me sugirió comenzar con la fase previa a la operación de trasplante.

La primera pregunta que me hizo fue dónde me gustaría trasplantarme. Por una cuestión de practicidad y por las buenas referencias que tuve de ese hospital, le respondí que allí mismo. Me indicó que pidiera un turno en la Unidad de Trasplantes de esa institución, cosa que hice. Unos días después estaba reunido con uno de los médicos trasplantólogos que integran el equipo del hospital.

Sinceramente, el tipo me cayó muy bien. Me explicó con bastante detalle las cuestiones relativas al trasplante renal. Cuáles son las posibilidades que ofrece la ley argentina en relación con los trasplantes; cuáles son los estudios previos que debo hacerme; para qué se hacen (fundamentalmente para determinar si estoy en condiciones de ser trasplantado y en qué medida, estadísticamente hablando, mi organismo tenderá a rechazar un riñón “extraño”); cómo es el procedimiento de selección de “postulantes” en el momento de la aparición de un donante (elegí la opción del donante cadavérico); cómo es la operación; qué pasa durante los días inmediatamente posteriores, y cuáles son y cómo actúan los medicamentos inmunosupresores que deberé tomar una vez trasplantado.

Salí de esa reunión (que espero poder comentar en un post “ad-hoc”) con la sensación de haber estado contenido, de haber sido escuchado, y de haber sido informado.

La fase siguiente podría dividirse en dos grandes “áreas”. La primera me obligaba a meterme en los recorridos burocráticos. La segunda, que podré iniciar al parecer completada la primera, consta justamente de los estudios que debo hacerme como condición previa para entrar en lo que se denomina “lista de espera”, cuestión administrada por el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante, más conocido como INCUCAI.

El proceso

Comencé con la parte más aburrida: los trámites. Primer paso: solicitar en el Hospital Alemán un presupuesto para una serie de estudios pre-trasplante. Me lo dieron, indicándome que lo llevara a mi prepaga para que lo autorizaran.

Ayer, luego de la sesión de diálisis, fui hasta uno de los centros de atención de mi prestadora de servicios médicos prepagos, Galeno. Dejé el presupuesto, y me prometieron llamarme por teléfono hoy, jueves, para informarme “si auditoría autoriza el presupuesto, o si del tema trasplantes se encarga su obra social”.

Nunca entendí bien cómo y por qué existe esa división de roles. Creo que porque nunca me interesó demasiado, y porque nunca tuve (hasta ahora) problemas serios de salud. Por qué una cosa es la “obra social”, y otra distinta “la prepaga”, y cuál es el rol de cada una es algo en lo que debería comenzar a interiorizarme. Dentro de algunas líneas se verá por qué.

De más está decir que, antes de recibir la llamada, que llegó una hora antes del mediodía, presentía que Galeno no cubriría intervenciones quirúrgicas para practicar trasplantes, o los estudios relacionados con ellos.

A veces pienso que si fuera capaz de predecir con tanta exactitud los números de la lotería, no necesitaría trabajar. Aunque, para ser algo más serio, debería decir que, más que talento para la premonición, tengo muchos años vividos en la Argentina, cuyo sistema capitalista mediocre, dependiente y rapaz se vuelve fácilmente predecible (y por demás visible) en todos los ámbitos. Y el de la salud no podía ser la excepción.

“Lo llamo para confirmarle que auditoría me dice que Galeno no cubre estudios pre-trasplante ni las operaciones. Ese tema tiene que hablarlo con su obra social, ASE (Acción Social de Empresarios)“. Deduje que los tratamientos e intervenciones más críticos para la vida de una persona deben ser, precisamente, los más caros. O los menos rentables, que viene a ser más o menos lo mismo. “La salud es una mercancía“, pensé cuando colgué.

Y ASE, ¿se hace cargo?

Aproveché el mediodía para llevar a ASE el presupuesto del Hospital Alemán. Me atendió una empleada muy bienintencionada y amable, pero que no dijo lo que a mí me hubiese gustado escuchar.

“El asunto es así”, me dijo casi mecánicamente. “Tiene que solicitar tres presupuestos. Uno de un hospital público. Otro de un hospital privado, y otro de otra entidad. Pero ASE se hace cargo sólo del monto que presupueste un hospital público. Si usted opta por una entidad que presupuesta un monto superior, la diferencia tiene que ponerla usted.”

Se produjo un silencio espeso, tenso. La debo haber mirado con cara de león frente a la presa. Noté cierto nerviosismo en ella. “¿No le dijeron en Galeno que el procedimiento es éste?”, me preguntó en tono de disculpa. “No, nadie me dijo absolutamente nada, simplemente que viniera acá”, le respondí secamente. “Bueno, espere, a veces sucede que el hospital público pasa un presupuesto similar al de uno privado. A veces son prácticamente iguales”.

Tuve que hacer un esfuerzo para no maltratarla. “Ella es sólo una empleada, no seas necio”, pensé varias veces. “Concentrate en el próximo paso, dejá de lado la indignación porque no te llevará a nada: ahora tenés que resolver esto”.

Le pedí entonces que me explicara qué y cómo debo hacerlo. Me dijo que debo hacerle llenar un par de formularios al coordinador del centro de diálisis donde me estoy tratando , llenar yo un tercer formulario, y con eso, más mi historia clínica, ir a un hospital público (me sugirió el hospital Cosme Argerich), y a la Fundación Favaloro para solicitar presupuestos. “El tercer presupuesto ya lo trajo”, me dijo, señalándome el que me dieron en el Hospital Alemán.

En resumen…

Obviamente, salí de allí con más preguntas que respuestas, y con una indignación de antología. El resumen de lo vivido se me ocurrió más o menos así: todos los meses, con puntualidad y vocación religiosa, Galeno me cobra, por intermedio de la empresa para la que trabajo, una suma determinada. Hace cosa de dos meses, aproximadamente, esta prestadora anunció su cambio de marca y de imagen. Antes, se llamaba SPM, con dos “ramas”: TIM (Tecnología Integral Médica) y Galeno. El cambio de marca, por el que optaban por denominarse “Galeno”, a secas, hacía énfasis en los beneficios que representaría para los asociados. Se me informó que yo pasaría a tener el plan “Galeno Oro”, el mejor. Acondicionaron un edificio de estilo modernoso en el extremo sur de Puerto Madero, con un inmenso cartel en la parte superior con la nueva marca. Gastaron (seguramente) una muy importante suma en publicidad televisiva, acciones de marketing y comunicación, reacondicionamiento de centros de atención, etcétera. Pero resulta que cuando realmente los necesito para algo crítico, importante… se abren de gambas, como se dice habitualmente. Llega el momento en que uno los necesita de veras… y no están. No se hacen cargo.

Y no sólo eso: pago todos los meses por un servicio… y resulta que, probablemente, no sólo no tendré la posibilidad de operarme donde yo elija sino que, además, deberé poner plata. La pregunta me surgió clara, concisa y certera: ¿para qué demonios me sirve una cobertura como ésta, si precisamente las intervenciones más críticas o importantes me las tengo que pagar yo?

Por suerte pasaron varias horas hasta que me senté a escribir este largo post. La indignación inicial dejó lugar (algún lugar) para la razón. Esto recién empieza, y apenas si conozco las alternativas existentes. No debo hacerme mala sangre por anticipado. Si de mala sangre se trata, suficiente tengo con la que circula por mis venas, gracias a mis destartalados riñones.

De cualquier forma, calculo que todo este proceso pre-trasplante me dará mucho que contar. Por eso, como decían en esas series de TV cuando éramos chicos: “esta historia continuará”…

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6 comentarios to “TRAS EL TRASPLANTE”

  1. elsa said

    Hola Ale.lamentablemente esto es asi,cuando mas necesitas de tu prepaga,es cuando te das cuenta que casi no sirve,porque ahi te enteras de todos los obstaculos que tenes,mira todavia no llegamos a lo de los estudios pre trasplante.ya nos agarraremos de los pelos cuando nos toque,hace apenas 2 semanas del comienzo de la dialisis.asi que despues te contare.

  2. Hola, Elsa, gracias por escribirme. Te cuento (calculo que ya publicaré un post sobre esto) que estuve averiguando algunas cosillas. Me recomendaron asesorarme en la Superintendencia de Seguros de Salud. Tal como me imaginaba, y según lo que hasta ahora pude saber (que no es mucho) a veces las obras sociales y/o las prestadoras miran para otro lado hasta que uno les “muestra los dientes”… en términos legales: carta documento, por ejemplo.

    Creo que es un tema en que hay que averiguar bien cómo funcionan las cosas… y sobre el que, creo, tendré mucho para contar. Je.

    No pierdas la calma. Te enterarás de lo que averigüe por aquí, y si tenés alguna consulta, simplemente escribime. Un beso.

    Alejandro Marticorena.

  3. pablo said

    pienso que un recurso de amparo ante la justicia es un buen camino.hay quelevantarles elpeso y sino trasplantate en el favaloro es uno de los mejores centros dicen.Yo estoy inscripto en favaloro luego de una puja por mi trasplante que quiso agarrar el San Martin de La Plata….a traves de IOMA ….siendo que el estudio de pre-trasplante lo hice en Favaloro.FinalmenteFavaloro arregloel asunto y me trasplantare en Favaloro.Soy de Mar del Plata y estoy en dialisis desde enero de 2005.

  4. Oscar said

    Luego de tres oportunidades que a mi mama el medico que la trata (que es un jefe de equipo transplante renal muy reconocido) le recetara eritropoyetina, y la recibiera gratis segun el plan que tiene de su obra social (AMSA), ahora intervino la auditoria medica de Galeno (adonde la pasaron sin preguntarle si queria) y le redujo la cantidad de 12 dosis a 4.
    Luego de mas de una semana de idas y vueltas (el medico confirmo por escrito la necesidad del farmaco y la frecuencia de las dosis) la auditora medica Dra PEIRO, que no atiende personalmente ni su secretaria tampoco, indicaron que mantenian su dictamen.
    No me dicen que hacer mientras tanto, no deben saber, si es que se mueven por una cuestion economica que lo que mas les conviene es que la enfermedad renal se detenga el mayor tiempo posible, ya que a medida que avanza se les hace mas caro. La otra posibilidad es que esten considerando dejar que los pacientes se mueran nomas, y les niegan el remedio recetado (y dos veces en este caso).
    Queria saber si encontraste algun recurso administrativo, ya que si llamas a Galeno o vas personalmente, lo que te informan es que no hay nadie “por arriba” de ellos. Supongo que el Ministro de Salud sera alguien que esta “por arriba”, pero queria saber si de tu experiencia pudiste llegar a algo, para abreviar tiempo en estos desgastantes tramites.
    Muy bueno el sitio, sigue adelante.

  5. Oscar, lo que puedo recomendarte es que te contactes con las siguientes entidades:

    a) El Defensor de la Salud. Es una asociación civil sin fines de lucro que –según aseguran en su página web — asesoran a la gente para que conozcan sus derechos en materia de salud. Lo cual, me apresuro a decir, no es en sí ninguna garantía, porque si hablamos de derechos, hablamos de leyes. Y sabemos que las leyes no siempre contemplan ni la totalidad de los casos, ni son (ni pueden ser, por tratarse de un producto humano) justas a la perfección. De todas maneras, se describen a sí mismos como “un grupo multidisciplinario de personas que habiendo padecido las deficiencias de nuestro sistema de salud decidió crear una organización que sirva para canalizar los reclamos de la población, y sobretodo, encontrar rápidas soluciones.” En el mismo sitio de Internet dejan un teléfono para consultas: 4373-4292.
    b) La Superintendencia de Servicios de Salud. En su sitio web  tienen una sección denominada “Reclamos“, en la que indican cómo proceder. Un link envía al texto de la resolución 075/98, que establece el procedimiento de reclamos ante “hechos que afecten” la “normal cobertura médico asistencial” y, más abajo, hay un mail para obtener asesoramiento gratuito (es reclamos@sssalud.gov.ar). Para presentar un reclamo concreto hay dos opciones: completando un formulario que ellos llaman “A” y presentándolo en la sede central de la Obra Social, o haciendo lo propio con otro formulario, el “B”, que hay que llevar a la sede de la Superintendencia de Servicios de Salud, en Av. Roque Sáenz Peña 530, Buenos Aires. Ambos formularios están disponibles en formato PDF en la misma página de reclamos cuyo link está más arriba, para imprimirlos y completarlos. De cualquier forma, también tienen una línea gratuita: 0-800-222-72583 (SALUD).

    Te aclaro, Oscar, que yo –al menos todavía– no transité ninguno de los “senderos” que proponen ambas entidades, con lo que no estoy en condiciones de decirte si sirven o si están en condiciones de ofrecer alguna solución concreta. De cualquier forma, calculo que lo haré en poco tiempo y, por supuesto, contaré los resultados en Diario de Diálisis.

    Y en caso de no obtener soluciones, creo que otra alternativa, algo más extrema, es comenzar con consultas a abogados especialistas.

    Espero que esta información te sea de utilidad. Gracias por escribirme. Cordiales saludos,

    Alejandro Marticorena.

  6. […] un post en este mismo blog del 8 de setiembre de 2006 donde (según recuerdo) toqué por vez primera la cuestión de las […]

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