Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

LA SANGRE DERRAMADA

Posted by Alejandro Marticorena en Viernes, 1 septiembre, 2006

El miércoles tuve una sesión de diálisis con un sobresalto.

Afortunadamente, esta vez no me tocó ser el protagonista. El “accidente” lo tuvo Federico, un paciente que se dializa en el mismo turno que yo. Se dializa en la fila de camillas que está enfrente a la mía, de modo que puedo verlo con facilidad. Tiene “82 pirulos”, como él mismo dice, y es muy inquieto.

Tanto, que durante las cuatro horas que dura la sesión es difícil verlo quieto más de 15 minutos seguidos. No es que todos tengamos que quedarnos quietos como momias (aunque, pienso, a veces debemos parecernos a ellas). La cosa es más simple: no hay que mover el brazo conectado al dializador. Uno de los riesgos es, justamente, lo que le pasó a Federico.

Serían aproximadamente las 14:50 cuando, en medio del semisopor que lo invade a uno a media tarde por estar recostado y haber comido, noté algo que me llamó la atención. Federico se movía. Bueno, ya dije que es inquieto: esto no debería ser novedad. Pero se movía de un modo diferente. Intentaba, recostado como estaba, mirar algo en el suelo. Al principio pensé que algo se le habría caído. No llegué a advertir qué pasaba. Entonces Federico llamó con calma y sin apuro a Élida, la técnica responsable de su fila. Recién en ese momento se me ocurrió observar el suelo.

Para entender lo que sentí hay que imaginar la sensación de descubrir, al pie de una cama, una amplia zona (digamos, un círculo irregular de un metro y medio de diámetro) compuesta por salpicaduras de sangre. Más densas y próximas en el centro, y gradualmente menos concentradas hacia los bordes. Algo así como que alguien, con un gigantesco cepillo mojado en sangre, hubiese raspado las cerdas de un lado a otro, produciendo un efecto de salpicadura con minúsculas y apretadas gotitas. Quien haya visto la fotografía de un cúmulo de estrellas podrá imaginarse lo mismo, pero compuesto por el rojo líquido y sobre un suelo color beige claro.

Y, en el medio de todo eso, una mancha, densa y de un rojo oscuro, que creció rápidamente hasta convertirse en un enorme charco bermellón.

Tanto se había movido Federico que una de las agujas que lo conectaban con el dializador se le había salido, pese a las cintas adhesivas con que las técnicas y técnicos en diálisis aseguran la conexión para, precisamente, evitar esta clase de accidentes. Por supuesto, la respuesta de ellos no tardó. En menos de un minuto estaban allí Liliana, la técnica que me atiende; Élida, quien estaba a cargo de los pacientes de esa fila; Valeria, técnica de otra fila de camillas, y César, empleado de limpieza. Las tres primeras se ocuparon de cortar rápidamente la hemorragia (era un caso de urgencia; en minutos Federico, de 82 años, podría haber muerto desangrado) mientras César corría la camilla de lugar (tienen ruedas debajo) y, usando trapos, papeles y hasta una de las mantas de guata que nos dan para que nos cubramos si tenemos frío, comenzó a limpiar el piso.

Pese a lo urgente del caso, nadie perdió la calma. Todo se manejó con un profesionalismo notable. Pero lo más curioso fue la actitud de Federico. Su tranquilidad fue pasmosa. De hecho, en una de las fotos que tomé con el celular (no pude con mi genio) se alcanza a ver a Federico, en medio del pequeño y controlado caos, recostado y con el brazo libre detrás de la nuca.

Dudé mucho sobre si aportaba algo el publicar esa foto aquí. Pero ahora que mencioné esto, creo que correspondería colocarla. De cualquier modo no se ve gran cosa. Desde donde yo estaba, el ángulo no era precisamente el mejor, y tampoco quería que me vieran ahí, estirándome para tomar fotos como si eso fuera el gran espectáculo. Qué sé yo, inhibiciones que uno tiene.

En media hora, todo estaba solucionado. César limpió todo casi obsesivamente. No sólo el piso, sino las patas de la camilla y la parte inferior del dializador. Usó agua, creo que algún tipo de detergente y, finalmente, alcohol. Claro, no se trataba de agua sucia o de un café con leche volcado. Era sangre humana, en un lugar donde los peligros de contagio son, ciertamente, elevados: cada canalización, y más aún en los casos de quienes portan catéter, son vías de acceso privilegiadas para cualquier virus o bacteria que ande volando por ahí.

Recuerdo que, mientras veía ese espectáculo, pensé en mi padre y en lo impresionable que es ante la visión de la sangre. Ha llegado a sufrir lipotimias ante el solo relato de las consecuencias de un accidente sangriento. Es que cuando tenía unos 6 años debió ser operado de urgencia por peritonitis, y el recuerdo que le quedó se ve que fue tan traumático para él que no soporta ver sangre. Mientras yo observaba las sangrientas huellas que delataban las apuradas idas y venidas de Liliana, Élida y César pensé cómo hubiera reaccionado mi viejo si hubiera estado en mi lugar…

Heredé muchas cosas de mi padre. Afortunadamente, la fobia a ver sangre no.

________________________________________________________________________

E.R. Emergencias... La sangre derramada. Las técnicas en diálisis del turno tarde mientras socorren a Federico antes de que se desangre. Federico está tan preocupado que se pone el brazo libre detrás de la nuca, como quien se tira a tomar sol en una reposera. En primer plano, de espaldas, Liliana. Delante de ella, Valeria, y a su derecha, de azul, Élida. Se alcanza a ver el manchón rojo en el suelo.

Anuncios

4 comentarios to “LA SANGRE DERRAMADA”

  1. Eduardo said

    Después de leer esto, realmente, da para pensar en serio de que uno se hace mala sangre por tanta estupidez…

  2. KATERIN said

    admiro la gente que tiene la fortaleza de pasar por estas cosas,bendiciones para todos

  3. Silvia said

    Hola! escribo desde España, soy enferma renal desde pequeñita, y estando en hemodialisis, tendria yo unos 13 o 14 años, una vez en una sesion mire al suelo, asi como tu compañero Federico y vi un charco de sangre, un señor charco…Entonces comprendi que era MI sangre, y chille a las enfermeras para que viniesen. Al parecer, una de las conexiones de las lineas al dializador no estaba bien cerrada y la sangre se fue escapando por ahi. Afortunadamente me di cuenta antes de no poder hacerlo…
    Lo que peor me sentó de aquello fue que no recibi ni una disculpa, mas bien la encargada de limpiar aquel desastre se quejó del mal olor que dejaba la lejía (cloro) que empleaban para limpiar la sangre del suelo…
    Saludos y felicidades por llevar este blog adelante.

  4. Felicitas said

    Hola Alejandro…Te escribo desde Venezuela, aunque tengo el orgullo de ser Patagonica. Encontre tu pagina de casualidad, porque estoy “intentando” escribir una libro…una novela, que en principio no tenia nada que ver con la dialisis…pero sin darme cuenta, los recuerdos del pasado se fueron “colando” en mi relato… Mi abuela y mi tio tenian poliquistosis renal…y me madre tomo la valiente y generosa decision de donarle un ri#on a su hermano…Veo las fotos de la sala de dialisis…tan modernas,y me doy cuenta que han pasado mas de 20 a#os!…Te leo y no puedo evitar sentir admiracion, porque tus palabras reflejan la valentia con la que enfrentas este padecimiento…la generosidad de compartir tu historia,que es sin duda fuente de insipracion para los demas. Te mando un calido saludo. Felicitas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: