Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

LOS MIEDOS DE UN PACIENTE II

Posted by Alejandro Marticorena en Viernes, 25 agosto, 2006

Otro de mis miedos tiene que ver con el estado de mi fístula. La fístula es el resultado de una intervención quirúrgica que me hicieron en la muñeca un mes y medio antes de comenzar la diálisis, y cuyo objetivo fue lograr un engrosamiento de una vena del brazo mediante su unión con una arteria. El caudal de sangre transportado por las arterias es siempre más potente. Tras unir una de ellas a una vena, ésta recibe un caudal inusual y, con el tiempo, se va engrosando para adaptarse a las nuevas condiciones. Cuando la vena alcanzó más o menos el triple de su diámetro original, en principio ya estuvo lista para aguantar los pinchazos necesarios para canalizar la sangre hacia el dializador.

El punto es que los pinchazos y, consecuentemente, el maltrato que recibe el brazo y la vena no son menores. Hay que tener en cuenta que, tres veces por semana, y de manera ininterrumpida hasta tanto cada paciente llegue a la instancia del trasplante (y pueden pasar años), la vena del brazo sobre la cual se practicó la fístula recibe los pinchazos de dos poderosas agujas, que serían la pesadilla de cualquier fóbico a las inyecciones. Baste con decir que se trata de unas agujas de unos cuatro centímetros de largo y con un grosor apenas menor al de los tanquecitos de tinta de las biromes bic.

A la distancia que permite la separación entre camillas que existe en la sala de hemodiálisis del Hospital Alemán he podido vislumbrar (aunque no pregunté porque algo en mí se resiste a saber) cómo es uno de los otros sistemas de acceso que se utilizan en la hemodiálisis: el catéter.

Por lo que he podido ver, el catéter es aplicado generalmente a personas bastante mayores. Imagino las posibles razones: una continuidad en diálisis de varios años que quizás termina agotando la necesaria resistencia o dureza en las paredes de la vena; un inadecuado estado de las venas que no justifica siquiera la realización de otra fístula o de la primera, si se trata de un anciano que llega a hemodiálisis por primera vez… en cualquier caso, el catéter es una suerte de tubito que les sale a la altura del pecho o el estómago, cuya superficie y unión con la piel suelen estar permanentemente cubiertos con cintas adhesivas para evitar que se ensucien, y que implica, para las sesiones de hemodiálisis, que tanto el técnico que los atiende como ellos mismos deban cubrirse la cabeza con una cofia y la boca con un barbijo, los mismos que se utilizan en los quirófanos para garantizar la asepsia y evitar infecciones que, obviamente, en esas condiciones podrían ser fatales.

Y, por supuesto, el proceso de conexión y desconexión con el dializador suele ser, además, bastante más lento.

¿Qué pasaría si un día ya no pueden acceder a mi vena? ¿Qué pasaría si mi sangre no puede viajar con el caudal y potencia óptimos por los cañitos de plástico transparente que la llevan hasta el filtro del dializador? Probablemente haya otras salidas. Una fístula en el otro brazo (el derecho). Otra fístula en el izquierdo, si es que eso es viable. O… el catéter, con todo lo que eso implica.

El punto es que ni siquiera quiero pensar en las posibles alternativas. La del catéter por parecerme espantosa (no imagino un verano yendo a la pileta con eso colgando, más allá de que supongo que directamente estaría prohibido), y la de la fístula porque, cuando me operaron, la pasé bastante mal. No durante la operación, ya que fue asunto de media hora, y bajo un anestésico que directamente me durmió. Hablo de los días inmediatamente posteriores: estuve prácticamente una semana sin poder ir a trabajar por el fuerte dolor que me causaba la herida y los puntos. Y esto sin contar las molestias de tener que bañarse evitando mojar la zona de la operación.

Estos miedos se combaten hablando, preguntando, informándose. Lo sé. Aquí simplemente estoy mencionando algunas de las cosas que le pasan a uno por la cabeza. Así surgen los miedos. Lo importante, en todo caso, es no dejar que lo arrollen a uno. Y creo que hablar sobre ellos es un primer paso.

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Una respuesta to “LOS MIEDOS DE UN PACIENTE II”

  1. GABRIELA said

    NO TE PUEDO COMENTAR LO QUE SINTIO MI PAPA PORQUE ESTAMOS A LA ESPERA DE LOS EFECTOS. SE LO PUSIERON CON ANESTECIA TOPICA ( SUPONIA QUE IBA A SER GENERAL). DURO MEDIA HORA,SALIO LUCIDO Y DE LEJOS LEVANTO LA MANO A MODO DE SALUDO…. ME EXPLICARON QUE ES POR LA EMERGENCIA DEL TRATAMIENTO, YA QUE DE ALLI PASO DIRECTO A LA DIALISIS …

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