Diario de diálisis

Crónicas, reflexiones y sentimientos de un paciente que comenzó un tratamiento de diálisis

MI PASO POR EL INSTITUTO DUPUYTRÉN (IV)

Posted by Alejandro Marticorena en Viernes, 24 agosto, 2007

Decía en el post anterior que un sanatorio (o por lo menos ése) no es el mismo durante los días hábiles que los fines de semana, porque los que manejan el sanatorio no son los mismos y, además, hay mucha gente que no trabaja. Por ejemplo, los del sector administrativo. Pero además, hay menos médicos. El párrafo mencionando que, el sábado, la médica de guardia estaba a cargo de todo el sanatorio (cinco pisos y seis o siete habitaciones por piso, por lo menos) creo que fue más que elocuente.

El tema es que los pacientes no se van a las casas a pasar el fin de semana. Siguen siendo exactamente los mismos, y sus cuadros clínicos, en términos generales, también. Y esta circunstancia hace surgir preguntas. Como la que me surgió a mí ni bien me anoticié de que, sábado y domingo, mi salud estaría a cargo de un médico que, además, debía atender los pacientes (y urgencias) que llegaran por guardia sumados todos quienes ocupábamos las habitaciones de los por lo menos cinco pisos del Dupuytren: ¿qué pasa si dos pacientes tienen la mala idea de descompensarse con riesgo de vida a la vez? ¿Bastarán las habilidades (y manos) de un sólo médico/a para evitar que por lo menos uno de los enfermos termine tocando el arpa junto a San Pedro?

“Acá la realidad es ésa”

El domingo, si bien la diarrea no cejaba en sus (prácticamente exitosos) esfuerzos por dejar mi largo apellido vasco reducido a la mitad y el resto perdido por las cañerías cloacales del sanatorio, lo cierto es que comenzaba lentamente a sentirme mejor.

Quizás como consecuencia del escandalete diplomático desatado por mi mujer el atardecer anterior, a media mañana (o mediodía, no estoy seguro) del domingo vino la médica de guardia. No era la misma; esta mujer daba la impresión de tener más experiencia (pero también menos paciencia) que la anterior. Es lo que me pareció, al menos. Y sobre todo por una frase que pronunció, que a mí me sigue pareciendo, a más de un mes de la internación, inadmisible.

Mi mujer le hizo el mismo planteo que a la médica del sábado en el sentido de la falta de “observación” que debería tener un paciente “en observación” que, además, hace diálisis. No se lo hizo con el mismo nivel “sulfúrico”, claro, pero con idénticos argumentos aunque sin mencionar las palabras mágicas “periodista” y “denuncia”. Y además le dijo que no podía entender cómo durante el fin de semana sólo había un médico de guardia para todo el sanatorio, y por qué no había un médico por piso.

La médica de guardia del domingo simplemente le respondió, con el mismo tono con que seguramente pide lechuga en la verdulería, “acá la realidad es ésa“. Y debo admitir que ambos, mi mujer y yo, nos quedamos sin palabras. Bueno, yo no estaba en condiciones de reclamar mucho que digamos así que palabras no me sobraban. Pero ella simplemente no supo qué decir. En todo caso, lo bueno es que los controles no cesaron, y el día siguiente era lunes, con lo que tendría la oportunidad de descubrir cómo eran los “días normales” en el Instituto Dupuytren.

Breve reflexión en torno a esto: me parece (sólo me parece) que una médica le hace flaco favor a una institución médica si ante un reclamo (que evalúo como atinado) por parte de un paciente o su familiar directo su postura es, lisa y llanamente, oponer la realidad como único argumento. Porque la realidad, allí, en el “afamado” Instituto Dupuytren, la cruel realidad, es que no puede haber dos pacientes descompensados con riesgo de vida a la vez porque, de suceder, no habría cómo auxiliarlos. Y muy probablemente uno de los dos se moriría. Así de sencillo. ¿Y quién se enteraría de que algo así sucedió, si el fallecido no disfruta (perdón: disfrutaba) de los beneficios de la fama o la exposición pública?

Creo que lo mínimo que hubiese correspondido, en caso de conservar esa doctora algunos restos de sentido común, hubiese sido no ponerse del lado de la clínica defendiendo lo indefendible sino, por lo menos, admitir que no es ésa la mejor de las realidades, por más que allí “la realidad” sea ésa.

Por lo demás, fue recién el domingo que una de las enfermeras, avanzada ya la tarde, fue la que me higienizó por primera vez, ya que lejos estaba yo de poder mantenerme de pie para darme una ducha que, sinceramente, ya estaba extrañando.

La vuelta a la “normalidad”

Llegó el lunes. Y, con él, la “normalidad”. Pongo así la palabra, entrecomillada, porque eso de que lo que yo viví sea la normalidad es una presunción mía.

Lo primero que me hizo pensar que el lunes había llegado es que, ya por la mañana, apareció una doctora. Ya no se trataba de una jovencita (parezco un viejo diciéndolo así…) menudita y con cara de hacer las cosas como podía y lo mejor que podía. Tampoco de una algo más experimentada pero algo menos tolerante. Esta doctora era una mujer cuarentona, rubia, de cabello ondulado, llamativa, evidentemente extrovertida (lo cual en mi caso no fue sinónimo de “cálida”) y con rasgos que sugerían un carácter firme, incluyendo unos ojos celestes y penetrantes.

Obviamente tuve que relatar (aunque ya en versión resumida, a fuerza de repeticiones) mi historia clínica, que ya estaba en mucho mejores condiciones de contar que cuando llegué, el viernes anterior. La doctora estaba muy interesada en la evolución de mi diarrea. Lo cual era lógico, en mi estado. Ya no era tan abundante como antes pero continuaba. Me dijo que me harían un coprocultivo (un análisis de materia fecal para detectar rastros de colonias bacterianas y/o signos de infecciones) y un análisis de sangre para, entre otras cosas, determinar el nivel de potasio.

Con ese dato, me dijo, se decidiría si hacía diálisis ese mismo día (dializo lunes, miércoles y viernes de 12:00 a 16:00) o bien el martes. En ambos casos, trasladándome al Hospital Alemán, lo cual para mí, vistas las cosas que había experimentado, fue una excelente noticia, aún cuando eso significara el incordio del traslado en ambulancia y todo eso.

La rubia y atractiva doctora me pidió el número de teléfono del centro de diálisis del Hospital Alemán para comunicarse con el médico que me atiende, y antes de irse me dijo que vendrían a tomarme una muestra de sangre para el análisis del nivel de potasio. Un análisis importante porque el exceso de potasio en sangre acarrea riesgos cardiovasculares. No es joda.

Esto habrá sucedido alrededor de las 9:00 de la mañana. Supuestamente a las 12:00 comenzaba mi turno habitual, aunque yo descontaba que no iría: tres horas es poco tiempo cuando median trámites administrativos y el pedido de una ambulancia.

El punto es que a las dos de la tarde, es decir cinco horas después, aún no había venido nadie a extraerme la muestra de sangre que posibilitaría realizar el análisis que posibilitaría establecer mi nivel de potasio que posibilitaría determinar si yo necesitaba ser dializado ese mismo lunes o, en cambio, el martes, lo que a su vez posibilitaría pedir una ambulancia y (clave) me posibilitaría reservar un lugar y un turno en mi propio centro de diálisis, cuestión que nadie podía garantizarme de antemano porque eso dependía exclusivamente… de que hubiese alguna camilla libre. Todo lo cual, claro, me posibilitaría dializarme y extraer las toxinas acumuladas en mi sangre desde el viernes, fatídico día de la internación.

Pero todos esos “posibilitaría” aún estaban en el aire a las 14:00, con lo que no me quedó más remedio que hacer parte del trabajo que le correspondió (mejor dicho: le hubiera correspondido) a la doctora: avisarle a las enfermeras. Cabe destacar que el siguiente turno de diálisis comienza a las 17:00, con lo que el panorama (si mi potasio estaba alto) no era muy tranquilizador. Otra vez mediaban tres horas hasta el comienzo del último turno de diálisis del día.

Llegué a pensar, jocosamente, que quizás el Instituto Dupuytrén incluía, como parte de las internaciones, situaciones de alta adrenalina en sus pacientes, como complemento terapéutico orientado a una mejor y más rápida cura. Se me ocurrió que sería una buena idea para que trabajen los creativos publicitarios en caso de querer posicionar la marca de una nueva prepaga médica (en la Argentina florecen como hongos).

¿Lograría dializarme ese mismo lunes? ¿Vendrían a extraerme la muestra a tiempo, harían los análisis de laboratorio a tiempo y (más importante) me comunicarían los resultados a tiempo? Y hecho todo esto, ¿conseguiría yo turno y ambulancia para el traslado al Hospital Alemán en caso de que el nivel de potasio en mi sangre orillara niveles críticos?

No se pierda la quinta parte de esta apasionante historia de suspenso en el próximo post.

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8 comentarios to “MI PASO POR EL INSTITUTO DUPUYTRÉN (IV)”

  1. Beto said

    Estoy ansioso esperando la quinta parte!!!
    ¡¡¡Es un Deja-Vu esto que contás, se repite en otros sanatorios del interior!!!
    Es el reflejo del lamentable estado de la sanidad en la Argentina…

  2. Daiana said

    Hola: mi nombre es Daiana y estoy realizando una investigación sobre el traslado de pacientes ambulatorios -específicamente los de diálisis- en la provincia de Buenos Aires, y navegando en la web descubrí esta página.

    Quería saber si estaban interesados en brindar su testimonio, en cuanto a qué le parece la metodologia llevada a cabo en los centros de diálisis, cómo los trasladan, y lo que consideren necesario o importante que se conozca.
    no es necesario que den todos sus datos. con el nombre y de donde son alcanza.

    La invetsigación la estoy realizando para la facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.

    Desde ya muchas gracias. mi mail es daleon77@gmail.com

  3. martin de longuriras said

    la verdad que el instituto Dupuytren me salvo la vida, alli conoci a mi mujer. y desde ahi he comenzado a vivir.saludos a esa linda gente que trabaja en ese boliche

  4. beatriz said

    Mira , si te sirve de consuelo, el domingo fui a visitar a una amiga que esta internada en el instituto Dupuytren , ya hace dos meses que esta internada , parece que el hotel que estan pagando es muy rentable para la obra social, pues no le mandan especialistas, la operaron de los ovarios, exactamente la vaciaron, una operacion al pedo, pues cuando despues de practicamente agarrarlo del cogote al clinico y amenazar como siempre alos medicos con que llaman a los medios de cominicacion le enviaron un especialista en vias viliares, pues los ovaros nada que ver, pues el higado no le funcionaba. Pra que la operaron???? Y ahora lo unico que le dan son calmantes, claro en el hotel de lujo no se puede gritar por dolor. Pueblo Argentino , no ayude a enriquecerse a estos medicos asesinos, borrese de galeno life, esos medicos no ven el paciente , sino como amasan sus fortunas, no olvidemos que la mesa directiva de esas empresas son todos medicos .Y espero ansiosa saber esa quinta parte de este hombre, UN MENSAJE A LA SEÑORA DE ESTE PACIENTE, NO SE DEJE ASUSTAR POR LAS SEUDO DOCTORCITAS , ES ASI COMO FUNCIONAN, CON LA SOBERBIA, USTED LES PAGA Y TIENE DERECHO A QUE LE EXPLIQUEN Y A EXIGIR, SI ELLA GRITA , USTED GRITE MAS QUE ELLA. BESOS Y AGUANTE !!!!!

  5. beatriz said

    Me gustaria saber , las experiencias de la gente en el Hospital britanico, por fvor si alguien sabe????

  6. Pablo said

    La verdad que una vez mas aca comprobamos que nunca las cosas se hacen bien, y creo que en eso todos somos responsables, quizas porque como argentinos nos callamos la boca frenete a estas estupideces (adredes) de Instituciones, o Companias donde la situacion del cliente/paciente no importa. En parte deberiamos aprender de los extranjerons como Yo he visto, en Europeos y Yanquis, quejandose por centavos y aun teniendo una grosera chequera, pero lo hacen porque es su forma de “DEFENDERSE”, monedas mas, monedas menos, ellos saben que no hay joda si hacen ruido.
    Yo hace dos meses que me dialiso en Quilmes y hay muchas falencias, pero como cobarade y timido que soy, y buen Argentino me callo de irregularidades, que deberia NO PASAR POR ALTO. Sin embargo veo que “los que se quejan” lo hacen sin sentido o por cosas injustas. Me pregunto hasta cuando dejaron que sean unos pocos los que actuen asi? Cuando todos culturalmente comprenderemos que debemos defendernos unos a otros? Por mi parte creo que es hora de empezar a GRITAR educadamente, pero con logica. Dios quiera algun dia este pais se vuelva real y fin a todos nosotros. Tal vez solo soy un joven de 34 años, pero creo que la educacion que me dieron mis abuelos no hay que tirarla por la borda y enseñar a los demas lo que ellos me inquilcaron. Tal vez esa “mujer” no tiene el intelecto suficiente para ver que ella misma contribuye dia a dia con el deterioro de nuestro pais, de que cada vez hay mas que meten la “mano en la lata”… ojala algun dia ella no pase por la misma circunstancia. y vea en su espejo la triste realidad que le “REGALA” a otros.
    Les deseo lo mejor y FELIZ 2010!!!!!

  7. Pablo said

    Yo quisera saber si la nota que escribi que fue bastante estensa y que vi publicada¿, porque ahora no la veo mas publiocada…

    Muchas Gracias…!!

    Atte. Pablo

  8. sandra said

    Uau me gustaría saber qué pasó después que mi marido pasó por una internación en la Dupuytren en el año 2005.
    Entre la doctora de guardia del sanatorio de la trinidad san isidro y el Dupuytren dónde fue derivado por falta de camas en el otro le salvaron la vida. Tenia el intestino estrangulado por una vieja cicatriz y ya había comenzado una septicemia. o sea infección generalizada.
    Lo atendieron muy bien los cirujanos, con enorme responsabilidad y ni una sola queja de la enfermería.
    Será buena o mala suerte la que uno tenga de acuerdo al personal que le toque en guardia?
    Quizás-.–

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